Autonomía relativa

Las negociaciones y los ancestros de Pilatos

“Esa es una política”, dijo, “que ni sirve para ganar amigos ni para quitarse de encima a los enemigos”

La Semana Santa coincide con fechas en las que el Congreso se encuentra en negociaciones de leyes trascendentales —recordemos que para los legisladores todo lo que hacen es trascendental para la patria—. Es común, en nuestro país y en cualquier democracia, que las negociaciones se estanquen, se queden atoradas por diversas razones. Construir una mayoría siempre es un reto y tomar la decisión correcta sobre qué hacer en una encrucijada es cuando se mide la visión y la templanza del político.

Ya en otras ocasiones he comentado en este espacio la anécdota histórica que citaré a continuación y que nos muestra claramente el reto de la negociación y la toma de decisiones adecuada. Y viene al caso en esta semana, pues el protagonista es uno de los ancestros de Pilatos. Se trata de una versión de Livio que cita Ann Wroe en su libro Pilatos, biografía de un hombre inventado (Tusquets).

Cuando Gavio Poncio atrapó al ejército romano en las Horcas Caudinas, su placer fue tan inmenso que ni siquiera pudo pensar que haría a continuación. Así, envió a un mensajero con la orden de pedirle consejo a su anciano padre, Herennio, el hombre que había hablado con Platón.

—Suéltalos ilesos —dijo el padre.

Pero Gavio rechazó ese consejo.

—Entonces, mátalos a todos.

Pero Gavio también rechazó esta idea, y le pidió a su padre que fuera a aconsejarles personalmente; Herennio se hizo llevar al campamento en carro. Allí como el viejo tozudo que era, se limitó a repetir su consejo. Salva a estos hombres y serán nuestros poderosos amigos; mátales, y debilitarás a los romanos por generaciones. No había, dijo, ‘tercer plan’.

No obstante, Gavio y los demás jefes samnitas le exigían uno. ¿Qué sucedería, preguntaron, si optaban por una salida intermedia? Que los romanos se vayan sanos y salvos, pero imponiéndoles algunas condiciones. Herennio no les prestó atención. “Esa es una política”, dijo, “que ni sirve para ganar amigos ni para quitarse de encima a los enemigos”.

Tras estas deliberaciones, enviaron al anciano de vuelta a casa. Gavio Poncio expuso a los romanos su tercera vía: les garantizó la vida, y paz, pero cada uno de ellos tendría que pasar bajo el yugo, desarmado y vestido únicamente con una túnica. Difícilmente iban a soportar los romanos semejante humillación; pero no les quedó otro remedio que pasar bajo el yugo mientras sus enemigos les insultaban, antes de dejarles, desnudos y llorando, en la ruta de Capua.

Sin embargo, se tomaron la venganza. Tal como Herennio lo había predicho, la solución intermedia no les ayudó a hacer nuevos amigos, y solo sirvió para forjar una paz tan deshonrosa que samnitas y romanos pronto reiniciaron las hostilidades. Poco después los samnitas fueron derrotados y obligados a pasar bajo el yugo, Gavio Poncio entre ellos, quien luego fue paseado en triunfo y decapitado. Su maravilloso compromiso había quedado en nada.

“Dejaron que se les escapara de las manos la oportunidad de hacer el bien como el mal”, escribió Livio.

A ver qué deciden el gobierno y nuestros legisladores.

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