Autonomía relativa

De la mota, su estudio y sus 'muffins'

En algo que no es común en estos días de discusiones febriles, de definiciones al vapor y de acusar a los panaceos de no tener la panacea según grandes despanaceadores, sorprendió la voz del ministro José Ramón Cosío solicitando más tiempo para estudiar a fondo el aspecto científico en torno a la mariguana en la SCJN. Solicitar estudiar a fondo un tema no es norma en nuestra vida pública. Eso es parte de lo que celebro de que ese debate, a partir del documento del ministro Zaldívar , se dé en la Corte y no en el Legislativo. La seriedad de quienes toman parte en el mismo y saben la gran responsabilidad que sus decisiones y cada palabra que digan al respecto tiene para la vida nacional. La prisa no es factor en este asunto, la profundidad y la precisión sí lo son.

Hay que decir que ya es una discusión pública la legalización del famoso pasto inglés. En Estados Unidos ya tiene un efecto multiplicador en los estados y no seremos ajenos a ese proceso, ni ahí ni en muchos otros lugares del mundo. Con puntualidad, Alejandro Hope señaló ayer en su artículo (El Universal 3/11/15), que nos hace falta información para el debate público al respecto: "...ha faltado un ingrediente fundamental: datos. Salvo excepciones, se ha tratado de una conversación sobre principios abstractos, no sobre las realidades de la mariguana en México. No es de extrañar por tanto que sea un diálogo de sordos". Y tiene razón. Los argumentos de que es una sustancia menos adictiva y sus consecuencias son menos peligrosas que el alcohol y el tabaco; que se detiene a los consumidores, que en las cárceles hay mucha gente que nada más fumó aparecen por doquier. Claro que también está la gran alharaca de otro segmento a favor, que cree ingenuamente que la legalización va a disminuir la violencia del crimen organizado y los que están en contra, que dicen que el país será una sociedad de mariguanos. Ayer se manifestó en contra un subsecretario de educación advirtiendo la descomposición del tejido social —como si el alcohol no hubiera destrozado pueblos enteros—; o Fernando Belaunzarán —que había hecho una defensa sensata de la legalización— argumentaba que a la escritora Isabel Allende le gustaba comer panquecillos horneados con mota y tener sexo, lo que el ex diputado aprovechaba para preguntar "¿A quién se le hace daño con ello? ¿Por qué espantarse con los orgasmos ajenos?" Desconozco si alguien se ha pronunciado al respecto de los placeres de la escritora —no está en el proyecto de Zaldívar—, pero si quiere comer muffins de mota y tener megaorgasmos múltiples o lo que se le ocurra es un asunto en el que la legalización de la mariguana en México poco puede hacer. Ya estamos en la exageración de ambos lados.

Por eso, cuando cunde la gritería lo sensato es pedir tiempo para estudiar a fondo. Tiempo que se cumple hoy. Estoy seguro de que cualquiera que sea el resultado, cada opinión de los ministros que participen valdrá la pena leerlas. Por aquello de la falta de información.


Twitter: @juanizavala