Autonomía relativa

La iniciativa sin defensa

No se deja intimidar, pero sorprende que se conmueva hasta lo más hondo con las vicisitudes que atraviesa el indefenso magnate de la telefonía ante las canalladas del gobierno.

El gobierno de Peña Nieto se vende en el mundo como un gobierno reformador. Y digamos que lo es. Estos quince meses del gobierno  no pueden ser evaluados únicamente por el bajísimo nivel en la creación de empleos ni por la complicada situación económica en que ha puesto al país un pésimo manejo. Hay que decir que reformas que estuvieron pospuestas durante años salieron adelante por la generosidad de la oposición y el oficio político mostrado por el gobierno.

Los grandes pasos dados en las reformas constitucionales pueden encontrar obstáculos y también beneficios adicionales en las leyes secundarias. Es el caso de Telecom. Se trata de un tema complejo. No es muy fácil de entender para quienes no son avezados en la materia. Es un asunto que toca muchos intereses y porque, entre otras cosas, tiene futuro y porque, necesariamente, hay que enfrentar a las televisoras —específicamente Televisa— y a quien ha logrado ser el hombre más rico del mundo gracias a su talento y a la cooperación forzosa durante mucho tiempo de millones de mexicanos que mensualmente le cooperamos con algo al señor Slim.

No sabemos si la iniciativa se aprobará tal cual, pero lo que se siente es que el gobierno da la imagen de haber hecho algo mal, porque no salen a defenderla de sus detractores. Uno puede entender que el gobierno no salga a debatir con un loquito para satisfacer la crisis de personalidad del retador, pero algo tiene que decir cuando el tema es delicado, priva la confusión y no hay discusión pública del asunto. Nada. Al gobierno el silencio le parece su mejor recurso. Eduardo Sánchez, nombrado vocero de la Presidencia hace unos meses, ha copiado el esquema del gobierno pasado de los voceros sin voz. Personas que tienen ese nombramiento, pero que dicen al público diecisiete palabras al año. Por experiencia profesional, Sánchez conoce del tema, algo podría decir. Dicen que le ha dado por la escenografía, pero lo cierto es que es una voz inexistente mientras afuera se arma la gritería.

En el noticiero que comparte con Carmen Aristegui, el senador Javier Corral habló esta semana por más de una hora de lo que le parece la iniciativa del gobierno en esa materia, de su odio enfermo a Televisa y a los que no piensan como él y, en uno de sus desplantes de macho de cantina, invitó a debatir de Peña Nieto para abajo hasta llegar al velador de Los Pinos. De Corral se pueden decir muchas cosas —como que no paga las deudas que tiene con ¡Televisa!—, pero no que sea un improvisado en el tema. Estudia los documentos, los traduce a consignas y se lanza al azote de los malvados.

En la sección conocida como Javier Corral y el mundo, el hombre despliega sus conocimientos técnicos, su capacidad oratoria, su apolillado lenguaje y su miseria moral para tundirle al enemigo televisivo. Dice, y es cierto, que Televisa no lo intimida. No es el único, pero a él le parece fuera de serie. Él no se deja intimidar, pero sorprende que se conmueva hasta lo más hondo con las vicisitudes que atraviesa el indefenso magnate de la telefonía ante las canalladas del gobierno. Pobre, lo quieren hacer competir y el legislador sale a la defensa de los desvalidos. Porque en este mundo solo hay un malo: Televisa.

Mientras tanto el gobierno sigue callado. Alguna declaración en eventos oficiales y nada más. No hay que discutir porque se puede perder parece ser la bandera. Y por el otro lado parece que Slim, hábil como es para los negocios, ya se dio cuenta de que es igual de rentable —y quizá más barato— conseguir un Corral que un Gamboa.

http://twitter.com/juanizavala