Autonomía relativa

La inacción como obra de gobierno

Una de las formas de medir un gobierno es, más allá de los números en determinados rubros en los que siempre se avanza, es con las expectativas que el propio equipo gobernante ofrece a la opinión pública. Hay que decir que el gobierno de Peña Nieto inició de manera espectacular. La expectativa del regreso del PRI y el reto que esto suponía para el equipo entrante eran un reto a vencer. Peña sorprendió con el Pacto por México. Independientemente de que ese mecanismo suponía que la oposición claudicara a su labor —cosa que en la figura de los presidentes del PAN y PRD se hizo de la manera más entusiasta y arrastrada que se haya visto desde tiempos del PARM y el PPS—, fue un innegable logro del peñismo. Haber detectado las debilidades de los presidentes de esos partidos fue un acierto que les dio utilidades. El presidente Peña y su equipo se presentaban de esa manera como hábiles operadores de la política dispuestos a convivir en democracia. Encarcelar a la maestra Gordillo le llevó al Presidente grandes aplausos. Pegó en una figura repudiada públicamente y contra la cual los gobiernos panistas no hicieron nada; al contrario, la volvieron su aliada. Peña hizo una carambola y sorprendió a todos. Pero hasta ahí llegó.

Una vez pasados los primeros meses, el gobierno de Peña se atascó. Sacó reformas, pero olvidó la importancia de las leyes secundarias; mantuvo el Pacto, pero los partidos entraron en guerra en su interior; anunció en el extranjero una reforma energética moderna y salió el Presidente con un discurso de1938, como "lo hubiera querido el general"; la maestra está presa, pero el problema educativo está peor que antes; solicitan deuda como en tiempos de López Portillo; continúan lanzando loas al Pacto, pero el PRD ya lo abandonó, porque le importa más López Obrador que Peña; la famosa "eficacia para operar políticamente" se mostró públicamente: arreglar los problemas con dinero. Lo mismo con el SME que con la CNTE, el SNTE. Anuncian que recuperan Michoacán y la entidad es un polvorín. El resultado está a la vista: nada se ha solucionado y los problemas crecen.

Por eso escuchamos a cada rato al gobierno hablar, no de lo que hace, sino de lo que no hace. Se ha instalado en el peñismo un curioso discurso en negativo. Suben los impuestos y anuncian que "no habrá IVA en alimentos y bebidas", como si fuera un logro. ¿Quién podía poner ese IVA si no era el partido y su gobierno? ¿Dónde está el logro? Dicen que reformarán el sector energético, pero que no venderán Pemex y lo anuncian como logro ¿Quién del PRI y del gobierno quiere vender Pemex?

Al llegar al primer año de gobierno, el peñismo está en la inacción. Pero no en la inacción hamletiana, que tiene que ver con la duda y la conciencia, sino en el simple pasmo. Pero la inacción —como en el caso de Hamlet— puede tener resultados nefastos. Karl Jaspers, el filósofo alemán, dice al respecto: "El no actuar es también una acción; a saber, omitir. Esto tiene, asimismo, sus consecuencias: una inacción sostenida y sistemática conduciría necesariamente a un rápido hundimiento, sería una especie de suicidio. Si yo puedo hacer algo y no lo hago, yo soy culpable de las consecuencias de mi abstención." Lo peor de todo es que el gobierno hace de su inacción una forma de propaganda. Y eso que apenas se cumple el primer año.

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala