Autonomía relativa

Una foto de 341 millones de dólares

Penoso a todas luces que un presidente electo democráticamente pase por la humillación de ver si le aprueban la cita con el dictador, con el hombre que llegó para quedarse.

El presidente Enrique Peña Nieto no había nacido y los hermanos Castro llevaban ya varios años con Cuba bajo su poder. Peña Nieto pasó su primer cumpleaños, aprendió a caminar, a decir sus primeras palabras, entró a la escuela, terminó la primaria y los Castro seguían en el poder en Cuba.

El presidente Enrique Peña Nieto hizo su primera comunión, se volvió un adolescente, se enamoró por primera vez, entró a la preparatoria y la terminó, alcanzó la mayoría de edad, ingresó al PRI y comenzó a estudiar su carrera universitaria y los hermanos Castro continuaban en el poder en Cuba.

El presidente Enrique Peña Nieto terminó la carrera de derecho, hizo su tesis, se tituló, comenzó a trabajar; se casó, tuvo hijos, trabajó en el gobierno, fue diputado local, se lanzó para gobernador, ganó, cumplió 40 años y los hermanos Castro seguían en el poder en Cuba.

El presidente Enrique Peña Nieto terminó su gobierno en el Estado de México, se lanzó a la candidatura presidencial, pasó la campaña, se hizo Presidente de México, cumplió un año en el gobierno y los Castro continúan en el poder en Cuba.

El presidente Enrique Peña Nieto puede aumentarse la edad seis años y no pasaría nada, los hermanos Castro ya estaban desde entonces en el poder en Cuba.

Por eso cabe la pregunta: ¿por qué un presidente como Peña Nieto siente la necesidad de rendir tributo a una dictadura anquilosada y decrépita que pisotea la libertad, los derechos humanos y que ha condenado a su pueblo al hambre, la miseria y el aislamiento del mundo?

La visita a Cuba es una de las manifestaciones más claras de que el PRI, en muchas cosas, es el de siempre. Vive en sus épocas de inmovilidad en las que sentía que el mundo era algo que no teníamos por qué entender. Bastaba nuestra historia y nacionalismo para sentirnos únicos; defendíamos la autodeterminación como acto soberano pero también para no aceptar opiniones de los demás. Quizá por eso Raúl Castro en alguna ocasión se alegró y dijo: “Qué bueno que regresó el PRI al poder en México”.

Sorprende que una agenda agresiva y moderna como la que ha impulsado el canciller Meade se vea empañada por una necedad de hacer una —literal— visita al pasado. Pero no solo eso, el día de ayer en reportes periodísticos se consignaba el esfuerzo y la emoción de la delegación nacional por que el Presidente pudiera tener una foto con el dictador en jefe. Penoso a todas luces que un presidente electo democráticamente pase por la humillación de ver si le aprueban la cita con el dictador, con el hombre que llegó para quedarse.

El presidente Peña publicó un artículo en el único periódico que se edita en Cuba: Granma. Los asesores de Peña decidieron que era genial publicar en la única voz que cuenta en ese país y que es la del gobierno (quizá un reflejo nostálgico). Ahí Peña Nieto festeja los logros de la educación en la isla. Quizá le parezca muy bien que la gente aprenda a leer para que le digan qué tiene que leer y qué debe pensar.

La visita de Peña Nieto a Cuba es antecedida por un favor dispensado a los dictadores. El gobierno peñista condonó 70 por ciento de la deuda que la dictadura había contraído con México. 341 millones de dólares como ofrenda a los totalitarios. Es lo que nos costó la foto de Peña con Fidel. Demasiado cara.

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