Autonomía relativa

El fantasma de Cárdenas

Como saldo del debate de la reforma energética, queda una discusión en algunos foros sobre la herencia de Lázaro Cárdenas en la izquierda. A causa de un texto de Germán Martínez (Reforma 4/08/14), diversos representantes de la izquierda y algún nostálgico de la vida pública la emprendieron contra el panista señalando la ausencia y necesidad de Castillo Peraza en el PAN y con alegatos sobre la vida imperecedera del general Lázaro Cárdenas, su espléndido legado de políticas públicas y una suerte de lamento por no vivir en 1938.

Martínez tiene todo el derecho a decir lo que le parece la herencia pública del general. De hecho milita y dirigió un partido que nació como oposición, precisamente, cuando Cárdenas gobernaba. En realidad los que han deshecho la memoria de su Tatita son los propios miembros de la izquierda. La escenificación en los recintos legislativos de un funeral del propio general corrió a cargo de los perredistas. El uso de fotografías a manera de máscara con la cara de Lázaro Cárdenas también fue ocurrencia de la izquierda mexicana. Eso es el general para ellos: un ícono que suple sus argumentos y su poca eficacia política. Es su propio fantasma al que le han dado, ellos mismos, izquierdista sepultura por la aprobación de una reforma.

Lo cierto es que la izquierda se ha quedado sin bandera. La reforma energética les ha quitado uno de sus temas favoritos: el petróleo. Carentes de ideas —a ellos tampoco les caería mal un Castillo Peraza para dejar de hacer mascaritas y performance de sepelios— lo único que les queda es, efectivamente, el ataúd del general. Un recuerdo, pocas citas porque no hay mucho citable del general, y la desmesura de su adoración por el ícono revolucionario. Dice el senador perredista Miguel Barbosa que “el general Lázaro Cárdenas del Río fue el presidente y estadista mexicano más destacado en el siglo XX. Ningún político de su tiempo y de las décadas subsecuentes pudo ejercer como él el papel de jefe de Estado, jefe de gobierno, líder popular e ideólogo”. Uno entiende que admiren a don Lázaro, pero es de risa loca la visión del senador. Entre los políticos de “su tiempo”, está Churchill, por ejemplo.

Pero las palabras de Barbosa las comparten varios. A propósito de eso, Castillo Peraza escribió que “los mexicanos llevamos medio siglo de oír que el Gral. Lázaro Cárdenas es el prototipo del político nacional y latinoamericano, el presidente ejemplar, el paladín de la nación, el amigo del pobre, el Tata de campesinos e indígenas, el campeón de la clase trabajadora, el nacionalista por excelencia, la encarnación misma del bien político, el paradigma del gobernante”(El porvenir posible, Carlos Castillo P. FCE).

Lo sucedido en estas semanas deja mal enfocada a nuestra izquierda. Por un lado su evidente división con el registro del partido de López Obrador anuncia desde ya la fragmentación del voto en el espectro de nuestra vida política. Por el otro, el abandono ciudadano en el tema del asunto energético. Hablaban de estallido social, de la gente en la calle si se tocaba el tema del petróleo. Nada pasó. No hubo protestas en la calle ni desmanes de ningún tipo. Ahora andan enojados porque les recordaron que el general había muerto.

A la izquierda mexicana le gusta el pasado. Ahí vive. No ve para adelante. Piensan en un mundo en blanco y negro. Por eso el manoseo que hacen de los muertos hasta de otro partido. Viven en un panteón y acaban de enterrar su última bandera.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

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