Autonomía relativa

La estrategia de ensuciar

La ley de Murphy dice: para limpiar algo, hay que ensuciar otra cosa. Ignoro si el gobierno quiere limpiar su imagen. Ignoro si la pueda limpiar. Lo que es un hecho es que está decidido a ensuciar la de los demás. Sus adversarios muy pronto serán sepultados por una avalancha de lodo. Si no puedes tener una imagen limpia, sencillamente ensucia la del otro y estarán en igualdad de circunstancias.

Es una vieja estrategia política. Tiene cierta lógica. Entrampados en sus resortes autoritarios (echar abajo la Ley de Transparencia), su corrupción (los escándalos inmobiliarios) y el desorden en seguridad no encuentran salidas. El periodo electoral se avecina y los resultados no parecen halagadores, aunque tampoco serán —según las encuestas— el desastre equiparable a la imagen gubernamental.

El gobierno encontrará campo fértil en el terreno opositor. Nadie escapa a los escándalos. El zoológico del diputado panista hace recordar las épocas de El Negro Durazo. Encontrarán por aquí y por allá algo para exhibir: los nexos de perredistas con el crimen organizado y sus derroches con el dinero público. El desatino y turbiedad en el proceso de licitación del tren a Querétaro que, como todo en este gobierno, tuvo efectos internacionales. El PRI-gobierno puede, de hecho lo hace, equipararlo con la Línea 12.

Ensuciar a todos es la forma de verse menos mal, por la vía de compararse con el otro. Es la aspiración a que se diga: todos son iguales. Es la certeza de que el destino es chapotear en el fango, convivir en el hedor. Pero esta estrategia, exitosa, tiene sus limitaciones. Creer que la ciudadanía perdonará las faltas propias por reconocer las de los demás, es un error. Creer que el escándalo del desenfreno inmobiliario de este gobierno y sus allegados va a opacarse en los medios internacionales porque un diputadete de oposición tiene una “casa de animalitos”, es un error. Pensar que la exhibición de las miserias de la clase política nacional permitirá que la gente olvide el estancamiento económico también es un error. Finalmente, la salida al problema de credibilidad que atraviesa el gobierno, no pasa por encender el abanico que salpica por todos lados. Parafraseando al argentino Arturo Jauretche: no se trata de cambiar de chuiquero, sino de dejar de ser puerco.

http://twitter.com/juanizavala