Autonomía relativa

La disciplina del PRI

Con el regreso del PRI a Los Pinos, mucho se especuló sobre las mañas y formas que llegarían de la mano de los entusiasmados priistas. Si el PAN no dejó un “estilo” de gobernar ni generó una clase política diferente en sus doce años de paso por la Presidencia, el PRI mantenía y reforzaba su viejo estilo en los múltiples estados que gobernaba, perder la Presidencia trasladó el poder a la provincia.

El priismo se mueve con un factor aglutinador: el poder presidencial. Mientras el PRI no tuvo con quién regresar a la Presidencia, se peleó, llegó al tercer lugar y se desdibujaba a nivel federal mientras mantenía control férreo en sus estados. Pero, precisamente de uno de los estados apareció el personaje que los aglutinaría. No por sus ideas, sus discursos o liderazgo de años en el partido, sino porque, simplemente, tenía las posibilidades de competir y de ganar: Peña Nieto.

El ex gobernador del Estado de México ganó la candidatura sin problema alguno. Ya contaba con el apoyo de todos. No habría competencia alguna hacia adentro del partido, unos foritos testimoniales en los que participó Beltrones nada más para asegurar una posición relevante en el Legislativo. Todos se reunieron en torno a Peña; el priismo regresaba, tenía un líder que volvería a repartir el poder. Con él regresarían las viejas formas, el movimiento de manos, el reino de los gestos y los dicharachos a favor de la unidad y del todopoderoso presidente.

Con Peña regresó la disciplina partidista, esa cualidad casi militar que caracteriza al partido tricolor. La primera señal para formarse y portarse bien fue el sacrificio de Humberto Moreira; el presidente de partido con sus escándalos de corrupción estorbaba y fue removido para terminar siendo exiliado. La segunda muestra, por si alguien no había entendido, fue el encarcelamiento de la maestra Gordillo. Los viejos tiempos corrían de nuevo y con ello la felicidad de los priistas con sus sueños de poder eterno.

Quizá por la costumbre o porque se considera normal, no se le ha dado suficiente énfasis a ese logro notorio de Peña y su partido: la disciplina en torno al hombre sin importar el programa que tenga. El Presidente obligó al priismo a votar la ley energética en abierta contradicción con sus documentos y discursos de los últimos setenta años. Todos votaron a favor, las legislaturas locales la aprobaron a la velocidad exigida. No hubo ningún obstáculo. En el fondo, los priistas fortalecieron al Presidente y su gobierno. Hicieron a un lado sus opiniones personales, sus envidias y rencores para funcionar como un equipo que desea alcanzar un objetivo.

Sería bueno que el PAN aprendiera algo de eso  En el PAN la disciplina es vista como un defecto. No importa lo que quiera el presidente, lo que pueda beneficiar al partido y a su gobierno, lo importante es alzar la voz y estar en contra. Por eso el PAN jamás supo definir la relación ni con Fox ni con Calderón. En el PAN no importa que insultemos a Madero, que lo consideremos un inepto y un vendido y él, por su parte, la emprende contra sus militantes acusándolos de lo que le ocurra. Eso nos parece muy democrático. Los resultados están a la vista.

Aprovecho este texto dominical para desear a los lectores una feliz Navidad.

juanignacio.zavala@milenio.com

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