Autonomía relativa

Las cosas de cabeza

Nada les sale bien o todo lo hacen mal. Perseguido por un mal fario, el gobierno priista no puede ni anunciar el lanzamiento de un satélite porque el cohete estalla a los pocos minutos de estar en el aire. No se trataba de ninguna epopeya espacial. La puesta en órbita de este tipo de satélites es de lo más común. Pero desde que el país se maneja como una Tolucota, todo parece estar al revés. No pueden ni comprar bien una casa, han convertido la zona residencial de las Lomas en un espacio de mansiones mal habidas. Nos están acostumbrando a ver su corrupción como una característica inherente al gobierno. Los errores rayan en lo grotesco. La exhibición de la ignorancia es permanente y los fracasos se acumulan.

Los anteriores presidentes no dejaron de señalar el grave problema que representaban los gobernadores —sobre todo del PRI— para el país en términos de transparencia, corrupción, manejo de la economía y la implantación de una cultura democrática. El actual gobierno los padece también y eso que el Presidente y el secretario de Gobernación fueron gobernadores (quizá ahí radica parte del problema). La mayoría son del mismo partido del Presidente. Por eso los problemas de los gobernadores terminan estallando en el gobierno federal.

Después de un escándalo de alcance internacional como los tratos de OHL con el gobierno mexiquense, que afectó la cotización de las acciones de la empresa y ocasionó la despedida de un alto funcionario, el gobierno priista se dedicó a negar las evidencias con la penosa aparición del secretario Mena enseñando comprobantes de su tarjeta de crédito, cuando todos lo oímos limosnear una reservación de hotel. Mena renunció el día de ayer, días después de que saliera el escándalo. Lo multaron con 189 mil pesos que no han de ser nada, pues pagó por una vacación de unos días 124 mil, así que seguro no significa gran merma patrimonial para el individuo.

En Jalisco y en Nuevo León uno de los mayores problemas es la corrupción de ¡los papás de los gobernadores! Mandan por encima de sus hijos, dirigen campañas electorales, saquean las tesorerías, ocupan puestos, se vuelven barones inmobiliarios y creen que sus hijos pueden ser presidentes. Resulta curioso, cuando por norma general los políticos tiene que cuidar que sus hijos no comentan desmanes y atropellos, en el PRI tienen que controlar hasta a los papás. De locos.

A lo mejor por eso la mayoría de estados en que gobierna el PRI y que tienen elecciones en unas semanas, los resultados están empatados.

No sabemos cómo le hacen pero tienen todo de cabeza.

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