Autonomía relativa

Algo más que tiene que cambiar

Ojalá en el gobierno se hayan dado cuenta de que quienes han desestabilizado las cosas en el país son ellos.

El Presidente está solo o, peor aún, parece que está acompañado de un cercano grupo de colaboradores. El gobierno anuncia que mañana el Presidente hará anuncios importantes. Los cercanos a Peña sienten que todo lo debe hacer el Presidente. No se sabe en estos días si es porque quieren apuntalar la imagen del titular del Ejecutivo o porque prefieren vivir en su escondite y no tener que dar ni la cara ni explicaciones.

¿Qué cambios anunciará el Presidente? Pues según nos han dejado saber, un gran pacto para el estado de derecho, el combate al crimen y a la inseguridad. Quizá algo de la corrupción, nada que tenga que ver con el propio gobierno, por supuesto. Y algunos cambios en el gabinete —eso es lo que se dice— en los que cada quien tiene sus favoritos a caer.

Ojalá se trate de asuntos relevantes. Ojalá y el gobierno tenga en claro el tamaño de la crisis por la que atraviesa el país y la propia autoridad. Hasta hoy lo que han demostrado es que les vale, que ellos traen su tiempo y que van derecho y no se quitan. Si alguien opina en contra, quiere desestabilizar y eso no lo van a tolerar. Ojalá en el gobierno se hayan dado cuenta que quienes han desestabilizado las cosas en el país son ellos.

Posiblemente el anuncio contenga cosas de fondo. Pero también pueden salir con el anuncio de iniciativas de ley, con la esperanza de que el Congreso las apruebe. El anuncio de un cambio en Agricultura, la detención de dos cajeras de la CFE y de tres granaderos como combate a la corrupción “caiga quien caiga”.

Creo que uno de los grandes problemas de este gobierno es su soberbia, su autosuficiencia. Es cierto que el Pacto por México fue un éxito político (del cual, por cierto, fue sacado el tema de la corrupción), que las reformas se lograron y que acabaron con la oposición —que ahora ya no les sirve para nada—. Pero también es cierto que en ese proceso se envanecieron. Se creyeron su propia historia de efectividad en todos los ámbitos, nadie como ellos para la eficacia.

Empezaron a ver a todos para abajo. Despreciaron a los medios nacionales, por los halagos de los internacionales y ahora presionan a los nacionales, ante la embestida de los internacionales. Se presentaron como una generación nueva, al rescate y modernización de su partido. Recuperaron rápido el hartazgo con el panismo. Y claro, vendieron la ilusión. ¡Ah, el poder de la idea nueva, de la cara nueva! Pero resultó que atrás de las cosas nuevas solo estaba lo más viejo. Amenazaron, apretaron, ocultaron y, fieles a su origen, se despacharon con la cuchara grande. Y que lo supieran bien todos: cambiarían las cosas, porque el poder del Presidente estaba de regreso, después de una larga noche. El resultado está a la vista: tienen enfurecidos a los empresarios, a los anarquistas, a los estudiantes, a las clases medias. Ya nomás les falta la Cruz Roja.

El país no puede ser gobernado como una zona en la que el cacique y los suyos se enseñorean y se apropian de lo que les plazca: las mujeres, los caballos y los ranchos, sin que nadie diga nada. El país es más que Toluca y Pachuca. No pueden  tratar a todos a patadas; no pueden vivir en la opacidad, deben rendir cuentas; no pueden dejar de escuchar a los otros, no pueden dejar de respetar a los demás.

Peña no debe renunciar pero él y su equipo deben, entre otras cosas, cambiar su actitud.

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