Autonomía relativa

La caída de la figura paterna y el miedo conservador

Cambiemos de tema. Hay que agradecerle al papa Francisco, más allá de si uno es católico o no, la pertinencia de sus opiniones sobre temas que la Iglesia católica mantenía, por lo menos, escondidos. La opinión del papa sobre la teoría del Big Bang es relevante. También lo es el documento que circuló entre los obispos en su pasada reunión sobre las relaciones homosexuales y su pertenencia al catolicismo. El documento aborda uno de los grandes temas del debate social porque, en realidad, estamos ante el cambio de la estructura de la familia y ese es, precisamente, el miedo conservador. La historiadora y psicoanalista francesa Élisabeth Roudinesco escribió hace unos años un libro muy ilustrativo al respecto, La familia en desorden (FCE, 2003). Roudinesco desarrolla una rápida historia de la familia y de la devaluación y caída de la figura paterna. Esta caída tiene que ver con diversos factores, entre ellos el acceso a la igualdad de derechos en las prácticas sexuales. La conquista de la mujer sobre su propio cuerpo, las uniones gay y el avance de la ciencia han dado una vuelta enorme al orden familiar. Roudinesco advierte que ese cambio radica en que la mujer es quien controla totalmente la reproducción y puede prescindir del hombre, pues ya no es necesario para procrear y formar una familia. Al mismo tiempo, las parejas homosexuales desean formar familias. Aquí algunos subrayados.

“¿Qué ha pasado desde hace 30 años en la sociedad occidental para que sujetos alternativamente calificados de sodomitas, invertidos, perversos o enfermos mentales deseen, ahora, no solo ser reconocidos como ciudadanos con todas las de la ley, sino adoptar el orden familiar que tanto contribuyó a su infelicidad?”

“Todos temen, en efecto, que no sea otra cosa que el signo de una decadencia de los valores tradicionales de la familia, la escuela, la nación. La patria y sobre todo la paternidad, el padre, la ley del padre y la autoridad en todas sus formas. En consecuencia, lo que perturba a los conservadores de todos los pelajes ya no es la impugnación del modelo familiar sino, al contrario, la voluntad de someterse a él. Excluidos de la familia, los homosexuales de antaño eran la menos reconocibles, identificables, y se los marcaba y estigmatizaba. Integrados, son más peligrosos por ser menos visibles. Todo sucede como si hubiera que rastrear en ellos lo inefable, lo idéntico o la diferencia abolida. De allí el terror al final del padre, de un naufragio de la autoridad o de un poderío ilimitado de lo materno que ha invadido el cuerpo social en el momento mismo en que la clonación parece amenazar al hombre con una pérdida de su identidad.”

“La familia autoritaria de otrora y la familia triunfal o melancólica de no hace mucho fueron sucedidas por la familia mutilada de nuestros días, hecha de heridas íntimas, violencias silenciosas, recuerdos reprimidos. Tras perder su aureola de virtud, el padre que la dominaba da entonces una imagen invertida de sí mismo, en la que se deja ver un yo descentrado, autobiográfico, individualizado, cuya gran fractura intentará asumir el psicoanálisis a lo largo de todo el siglo XX.”

“…Cuando éstas (las mujeres) a fines del siglo XX se apoderaron de manera definitiva de todos los procesos de la procreación, conquistaron un temible poder y tuvieron en ese momento la posibilidad  de convertirse en madres prescindiendo de la voluntad de los hombres. De allí el nuevo desorden de la familia, consecutivo al surgimiento de un nuevo fantasma de abolición de las diferencias y las generaciones.”

Este, sin duda, es uno de los grandes temas de este siglo.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

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