Autonomía relativa

Los buenos ciudadanos no hacen política

Desde hace algunos años se ha propagado la especie de que las personas vinculadas a partidos políticos no deben ejercer puestos en diversos organismos porque obedecen a intereses partidistas. Increíblemente, este tipo de pensamiento ha sido fomentado por los propios partidos políticos que parecen incapaces de ofrecer en sus militantes autonomía y eficacia. De esta manera los propios partidos invalidan a su militancia y entran en una turbia maniobra de cuotas que al final ni partidistas son y no se sabe a quién responden, pero es claro que a los ciudadanos, no.

Es el problema de manejar un discurso en el que se cree conveniente decirle al ciudadano que la política es mala. Que por años, y por cultura política nacional, todo se ha convertido en compadrazgos y favoritismos —algo que desgraciadamente persiste en muchos estados del país— , eso no significa que se pueda y se deba cambiar. El IFE que todos alabaron fue nombrado por los partidos y tenía en sus componentes personajes que simpatizaban con tendencias políticas. Después de eso, entramos de manera absurda en la descalificación de quienes tienen simpatías ideológicas.

Esto mismo se refleja en otros órganos, porque los propios medios los encajonan con críticas, a veces válidas, pero de las que no saben salir. Nombrar funcionarios sin protección política también es arrojarlos a los leones sin defensa alguna. Si quienes tienen intereses tuvieran que luchar contra un partido y no solo contra un individuo, quizá se medirían más en las embestidas (por ejemplo con el Ifetel), pero aquí predomina la idea de que los ciudadanos ejemplares son los que no tienen ideología, a los que no se les ocurrió militar en un partido o simpatizar con algún candidato.

Todo esto viene al caso porque hace un par de días el presidente del INE, Lorenzo Córdova, dijo en un discurso lo siguiente: “Hemos tomado un acuerdo en el Instituto Nacional Electoral: candidato que sea empujado por algún partido político, candidato que sea empujado por algún grupo de interés, candidato que sea empujado por algún actor político es candidato que reduce sus posibilidades de estar en el cargo. Aquí de lo que se trata es de elegir a los mejores perfiles y no a aquellos que tienen las mejores relaciones o mejores, digamos, padrinazgos políticos”. Por supuesto es un buen discurso, políticamente correcto y que cualquiera aplaudiría. Lo extraño es que a don Lorenzo no le parezca legítimo el apoyo de ningún “grupo de interés”.  Los partidos son grupos de intereses legítimos. Pero suponiendo que éstos impulsen puro impresentable —caso nada fuera de lo común— ¿de dónde piensa don Lorenzo sacar a esos superciudadanos con los “mejores perfiles” y a quienes nadie apoya o promueve? Es una falacia, porque para cuestiones políticas, siempre hay alguien atrás y no necesariamente tiene que ser un partido. Los propios consejeros del INE forman ya un grupo de interés y son “actores políticos” relevantes. Es más, todos sabemos quiénes fueron los “padrinos” de Córdova, sabemos de sus querencias políticas —en lo personal no las comparto—, pero me parece que es un espléndido presidente del INE. Solamente espero que sus discursos estén a la altura de sus capacidades y no a las del aplauso fácil.

En política siempre será mejor la claridad. Tener ideología y militancia no es una anomalía ni tiene por qué condenarse; satanizar a ciudadanos por su participación política y excluirlos por razones de vocación pública es, por decir lo menos, antidemocrático. Además, deja una mala lección: que los buenos ciudadanos no hacen política, cuando es precisamente al revés. Y eso lo sabe don Lorenzo que, si algo hace, es política.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala