Autonomía relativa

El brazo largo de la justicia

En Los Miserables, de Víctor Hugo, el implacable inspector Javert representa al policía cegado por cumplir la ley, no hay nada que no haga, nada que olvide para hacer cumplir la ley y dar castigo a los delincuentes. Javert representa la inflexibilidad, el cumplimiento de su deber tiene un fuerte componente de odio hacia los delincuentes y no les da descanso, sean homicidas o se hayan robado un pan como su némesis Jean Valjean. La ley es la ley, parece ser la máxima del inspector cuya persecución provoca en el lector —o espectador, según se trate— una repulsa contra el representante de la ley que jura que el brazo largo de la justicia alcanzará algún día a Valjean.

Por esas paradojas que la literatura le depara a la vida, hay en el mundo algunos Javerts dispuestos a ser policías implacables. Y uno de esos atrapó a Humberto Moreira en España. No basta quedar impune en el país en el que se cometen los crímenes, y la corrupción, como ha quedado claro, es un delito que tiene ramificaciones internacionales. Ningún país medianamente democrático desea convertirse en un santuario para los corruptos. En muchos de los casos la corrupción tiene vínculos con el crimen organizado, de ahí el cuidado en las transacciones financieras.

La abierta defensa que del ex gobernador de Coahuila hicieron el PRI y el gobierno no hizo más que reconfirmar que una de las características del estilo de gobernar de este partidos es el cinismo y la protección a toda costa de sus secuaces.

La deuda descomunal que multiplicó de manera geométrica, es una de las irresponsabilidades más grandes de los últimos tiempos. Dejar a un estado en la ruina y el hecho de que gente de su círculo inmediato hay sido investigada por las autoridades estadunidenses, el falsificar papeles para pedir créditos y la manera primitiva en que se conducía políticamente con sus adversarios lo hicieron un personaje de la pillería. Dadas esas características, lo hicieron presidente del PRI. Tenía los méritos suficientes.

No sabemos qué irá a pasar con el profesor Moreira. Por lo pronto necesitará transferir más euros a España para poder vivir allá en lo que avanza su caso. Seguramente no será problema para él ya que se ve que tienen una situación económicamente holgada. Pero tan solo el hecho de tener que estar en una celda en un país distinto le han de haber obligado a reflexionar sobre lo que hizo. Él sabe todas las trácalas que llevó a cabo, sabe que su dinero no es legítimo, sabe que robó aunque no se lo prueben y sabe que es responsable del lastimoso estado en que quedó su estado. Quizá algunas de estas cosas pasaron por su cabeza, porque su seguridad aquí se convirtió en inseguridad allá.

Lo que le pasó en España al ex presidente del PRI es un buen ejemplo de que, por suerte, hay algunos Javerts sueltos por varios lados que saben que la justicia, en efecto, tiene el brazo largo.

Twitter: @juanizavala