Autonomía relativa

Fue bonito mientras duró

El atorón de las reformas era previsible. Pensar que el año 2013 con su Pacto duraría para siempre era una ilusión que solo podía estar en la mente febril de algunos miembros del gobierno y en las lagunas mentales de los líderes de la oposición.

Si bien es cierto que el Pacto por México tuvo logros incuestionables, pareciera que sus integrantes se durmieron en las glorias pactistas y olvidaron acelerar los procesos de las leyes secundarias. Los éxitos del Pacto encuentran su pantano en los pasos siguientes.. ¿Por qué no se empezó de inmediato con las secundarias? Se privilegió el mensaje del espíritu reformista por encima de las soluciones prácticas que se requieren para que las reformas constitucionales tengan efecto. Se festejó el pase al Mundial, pero ya se perdió el primer partido y solo quedan dos.

¿No sabía el gobierno y su partido que la oposición entraría en competencia por los liderazgos de cada partido? ¿No previeron que se iban a radicalizar las posiciones al interior de los opositores para ganar cuotas partidistas que atravesarían por oponerse a las propuestas gubernamentales? ¿Pensaban que los sectores se quedarían callados ante las reformas que afectan sus intereses? ¿No contaron con la legendaria hueva que caracteriza a los legisladores, que prefieren hacer un periodo extraordinario antes que trabajar en días feriados? ¿Creyeron que la oposición a la energética se quedaría en los escasos lopezobradoristas que se manifestaron mientras  su jefe convalecía? Algo le pasó de noche al gobierno que ahorita el asunto de las reformas está peor que antes de comenzar el sexenio.

Nadie sabe qué va a pasar, por ejemplo, en las elecciones del PAN, pero el hecho es que la negociación, si gana Madero, tendrá que ser en dos grupos o hasta más, lo que la dificulta enormemente. Es posible que lo mismo pase con la izquierda. El esfuerzo negociador del PRI y del gobierno tendrá que desdoblarse y el escenario no se antoja sencillo. La batalla campal en telecomunicaciones que protagonizan los dos grandes (uno más grandote que otro, hay que decirlo) es un elemento más de dificultad para las decisiones, pues contribuye a la polarización (en la cual entra el protomexicano Cuarón).

Por otro lado, es claro que el sentido de urgencia en la clase política tiene diversos significados y en eso no hay consenso alguno. Tanto el gobierno como los partidos festejaban a diestra y siniestra el descongelamiento de las reformas durante más de un decenio, para volver a mandarlas al sótano de los periodos extraordinarios. Ojalá les dé la voluntad a todos para acabar de una vez con temas que confrontan por un lado y que atrasan por el otro.

Ojalá también entre los cambios a los que obliga la negociación, esté la de una comunicación, aunque sea básica, de lo que quiere el gobierno. Probablemente se acostumbraron a que ese trabajo lo hiciera la oposición y ahora no quieren dar la cara. Pero no se puede ser gobierno y vivir escondido. No se pueden aventar reformas y esconder explicaciones. La vida política no se reduce a spots, requiere de argumentos y discusiones que son parte toral de la vida pública.

Ha terminado la época del bloque de imposición y comienza la de la lenta, tediosa y ríspida etapa de la negociación democrática. Fue bonito mientras duró.

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala