Autonomía relativa

La becaria a la distancia

Hace dieciséis años, una joven de 24 puso de moda su estatus laboral: becaria. Mónica Lewinsky, la famosísima joven de La Casa Blanca que había tenido relaciones sexuales con el presidente Clinton, saltó a la fama mundial.

Más de década y media después, con 40 años cumplidos, Lewinsky publicó un texto en la revista Vanity Fair de este mes mediante el cual pretende dar por concluido el asunto y continuar con su vida. La mujer, por cuyas relaciones estuvo a punto de caer uno de los presidentes más populares del mundo, no ha gozado de muchas simpatías desde los días de sus andanzas erótico-presidenciales. Pero para una joven que de pronto estaba en un torbellino político y en el centro de todos los chismes y chistes posibles, la vida no ha sido fácil.

“Probablemente en ese momento fui la persona más humillada en el mundo y, seguramente, fui la primera persona en ser humillada globalmente por internet”. La burla sobre ella ha durado años. Ha sido inagotable: le compusieron canciones, su nombre era referencia de favores sexuales, de abuso y de complacencia. Un coctel sorprendente para una joven mujer a quien ni las feministas salieron a defender en su momento (una de ellas, a pregunta de qué haría en su lugar, contestó:“Alquilar su boca”).

“¿Qué se siente ser la reina estadunidense de las mamadas?” fue la pregunta que le soltaron en 2001 en la grabación de un programa que se transmitió por HBO. Ingenua, Lewinsky creía que podía contestar a esa pregunta. Estaba condenada. Solo ella creía que su relación se trató de otra cosa, pues había llamadas y citas pero, sin saber cómo, relata, la “historia se convirtió en sexo oral”. En su escrito “lamenta profundamente” lo que sucedió entre ella y Clinton e insiste en que fue consensuado.

Todos vimos cómo esa becaria era lanzada a una hoguera que con el tiempo ardía más. Cada quien es responsable —aunque tenga 24 años— de lo que hace con su reputación, pero la pregunta es por qué podemos poner en la pira a alguien para defender al poderoso. No deja de ser un fenómeno curioso lo que ha pasado con Lewinsky. Su texto es esclarecedor sobre la soledad de sus batallas mientras los Clinton gozan de prestigio. Se impuso un silencio de diez años, estudió una maestría en Londres en psicología social e intenta hacer una nueva vida de regreso en Estados Unidos. Claro, siempre con la sombra encima de los Clinton. Si Hillary decide lanzarse a la Presidencia, la ex becaria volverá, aunque no lo quiera, a la olla hirviente de las redes sociales. Aunque ella diga que es el momento de “quemar la boina y enterrar el vestido azul”, serán los medios y las redes los que decidan si hablan o no de ella.

En su novela La mancha humana, Philip Roth dice  respecto del caso que “esa chica ha revelado más de Estados Unidos que nadie desde Dos Passos”. “… un presidente de edad mediana, viril y de aspecto juvenil, y una empleada de veintiún años, temeraria y prendada de él, se comportaron en el Despacho Oval como dos adolescentes en un aparcamiento e hicieron que reviviera la pasión general más antigua de Estados Unidos, e históricamente tal vez su placer más traicionero y subversivo: el éxtasis de la mojigatería”.

Ella parece haber encontrado un camino: ayudar a los que son víctimas de escarnio y humillación en las redes sociales. Suena bien y habrá muchos a quien ayudar (una buena manera de canalizar su experiencia a favor de los demás). Como bien resume, le han dicho de todo: la “reina de las mamadas, la zorra, la arpía o en palabras del 42o presidente de Estados Unidos: ‘Esa mujer’”.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala