Autonomía relativa

Responsabilidad con las palabras

Se supone que cada quien sabe lo que dice. En política, esto no es tan cierto. La necesidad cotidiana de decir algo mete a los políticos en problemas necesariamente. A los que no son buenos para improvisar, les va muy mal, pero también a los que se les facilita. Un mal dato, un mal gesto, un exabrupto, algo fuera de lugar y se arma la “mala nota”. La historia reciente en los medios es muestra evidente. Por eso, uno de los enemigos letales del político es su propia boca. Cada quien carga con sus palabras y es responsable de cada una de ellas.

Es el caso del gobernador de Veracruz, Javier Duarte. Ya Carlos Loret ha comentado en su columna que trae hartos a varios del gabinete federal con sus gracejadas y estupideces, que tiene un carácter colérico y que es un irresponsable. Cuestión de recordar su declaración de que los problemas de seguridad en la entidad se reducían a que se robaban “un Frutsi y unos Pingüinos en un Oxxo”. Ese es el nivel. Ayer Denise Maerker en su columna dice que, respecto del múltiple asesinato en la Narvarte, de lo que es responsable el gobernador Duarte es de haber mandado el mensaje de que se puede matar periodistas y no pasa nada. Tiene razón. Las palabras de un gobernante no son para tomarse a la ligera.

En una reunión con periodistas hace unas semanas en Poza Rica, el gobernador se dirigió a periodistas en un desayuno. Comenzó a pedirles “pórtense bien” (esta frase la dijo repetidamente en su mensaje), “se los digo por ustedes y por sus familias (en la grabación, a partir de ese momento cesan los ruidos y domina el silencio de los escuchas). “Todos sabemos quiénes andan en malos pasos”. “Todos sabemos quiénes tienen vínculos y están metidos con el hampa”. “Vienen tiempos difíciles. Vamos a sacudir el árbol y van a caer muchas manzanas podridas”. “No hay que confundir la libertad de expresión con representar la expresión de los delincuentes”. “Quienes sientan que tienen algún riesgo, búsquennos para poder protegerlos, poder cuidarlos”. Y casi por concluir dijo: “Sobre advertencia no hay engaño”.

Esas son las palabras del gobernador. Si no son amenazas, se parecen muchísimo. Si el gobernador sabe quiénes están “en malos pasos” y “tienen vínculos con el hampa” ¿por qué no los ha denunciado? Es igualmente irresponsable amenazar a quienes cumplen con su trabajo a riesgo de toparse con un criminal o con el gobernador (a estas alturas no se sabe qué es peor).

Duarte es responsable de, con sus palabras, haber generado un clima de pánico entre la prensa y, claro, no habrá chistorete que lo exima de esto porque lo que pasó no fue el robo de un Frutsi y unos Pingüinos, como seguramente piensa.

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