Autonomía relativa

Reformas para todos

Se debatió, se trabajó, se investigó, se polemizó y se votó. Cada quien podrá ir con sus electores a decir con tranquilidad el sentido de su voto, nadie fue engañado.

Las reformas parecen tener un camino trazado. Después de más de una década de hablar circularmente de ellas, finalmente han sido aprobadas. Lo único de negativo que podríamos decir es que llegamos diez años, si no es que más, tarde al tema.

Creo que, independientemente de las filias políticas, podemos sentirnos satisfechos del papel del Senado en estos últimos meses. Han sabido estar a la altura de lo que debe ser una institución democrática. Se debatió, se trabajó, se investigó, se polemizó y se votó. Cada quien podrá ir con sus electores a decir con tranquilidad el sentido de su voto, nadie fue engañado. Los panistas podrán decir que votaron un proyecto que impulsaron durante años; los perredistas podrán decir que votaron contra un proyecto tal y como lo habían anunciado desde hace años, y el PRI podrá decir que le ayudó a su presidente a gobernar, que fue disciplinado y que su máximo líder, Enrique Peña Nieto, no puede quejarse de ellos.

El debate en el Senado fue más de lo que se esperaba. Varios estudiaron bien las materias, telecomunicaciones y energética, y mostraban solvencia técnica en los temas. Más allá del debate político se discutieron temas técnicos. Por eso no funcionó la reducción que un grupúsculo quiso hacer del tema telecom en el sentido de ¿estás con los malos o con el bueno? Podríamos decir que todo se movió en sentido opuesto a lo que apostaban varios políticos. Nadie fue a gritar días enteros a Televisa a decir que les habían dado un regalo; según informaciones, Carlos Slim se hizo más rico apenas se anunció la reforma; puede que no sea la reforma perfecta pero es buena y eso me parece mejor.

El Senado también se ha reivindicado como el lugar del diálogo y el debate público. Ha dejado en claro también que los arreglos del Pacto por México, si bien tuvieron sus frutos, carecían de varios elementos que el Legislativo no hubiera permitido. Si los principales negociadores hubieran sido más meticulosos y menos protagónicos, en la Constitución habría quedado lo que realmente se proponían y no lo que se imaginaron que sería.

Nada pasó durante el mundial más que la gente vio los partidos tranquila y en paz, mientras los legisladores hacían el trabajo que les correspondía. No se recurrió al “sabadazo” o la aprobación sorpresiva. Lo fuerte sucedió ya cuando el torneo futbolístico había terminado.

La discusión de la reforma energética también tuvo un debate que duró días. Por supuesto que se prestó a la discusión política y a las ocurrencias. Como el senador Fernando Mayans que decía hablarle al pueblo mientras ostentaba un Rolex. Es parte de nuestra nueva izquierda. O el conmovedor espectáculo de otros perredistas haciendo ridículos poemínimos como si estuvieran en la prepa festejando a Huerta y a Benedetti (así defendieron el petróleo). Algunos que se quejaban que la gente manda tuits y cosas por el estilo, propias de los parlamentos. Nada fuera de lo esperado y mucho de productivo, hay que señalarlo.

Quizá a muchos no les guste pero el caso es que podemos cerrar un capítulo de reformas estructurales en México. Años escuchando el mismo discurso: “las reformas estructurales que tanto necesita el país.” Finalmente, ahí están, ya las tenemos. Ahora toca al gobierno estar a la altura de los resultados esperados en el trabajo de tanto y de tantos.

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