Autonomía relativa

Reflexiones desde la cubeta

¿Será que nos disgusta que el cangrejo que escapó por méritos propios nos venga a sugerir métodos para mejorar la vida en la cubeta? Mejor jalémoslo de una pata”. Esta frase resume el texto de León Krauze publicado el día de ayer en MILENIO Diario. León dedica su artículo a defender las posiciones de Cuarón y a cuestionar el tono ramplón de cierta crítica oficiosa contra el cuestionario del afamado director de cine.

“Canibalismo”, “voces antropófagas “ son expresiones con las que León describe la proclividad de los mexicanos a devorar a quien triunfa en el extranjero. Además de la buena prosa —que siempre se agradece—, Krauze define una de nuestras conductas más recurrentes: nuestra irritación —por decir lo menos— ante el éxito ajeno. En ese sentido, tiene razón cuando señala las descalificaciones contra el cineasta por el solo hecho de vivir fuera de México. El conteo de las desautorizaciones al ganador del Oscar es grande. Se entiende que el gobierno haya echado a andar su maquinaria de comunicación para darle raspones a Cuarón. Agazapado en el Fondo de Cultura Económica, el gurú de la comunicación peñista, José Carreño Carlón, soltó esta perla contra el director de cine al describirlo como “discutible ciudadano idealizado”. De esa manera el gobierno también le da otra respuesta a Cuarón: lo que piensa de él más allá de sus preguntas.

Sin embargo, habría que recordar que aquí, en la cubeta, “los progres” pro Cuarón nos advertían que los triunfos del cineasta no eran de México ni para México; que eran obra del esfuerzo individual y que, incluso, sus logros eran a pesar de haber nacido en este país de fracasados y de vocación por la derrota. No podíamos compartir una genuina satisfacción porque un mexicano triunfara “fuera de la cubeta”. La respuesta a todo eso está en las boberías que le lanzan a Cuarón, como la de que no mencionó a México cuando recibió el premio. Pero ése es el tono con el que muchas veces debatimos, porque no nos gusta discutir.

Por supuesto que Cuarón puede, y hasta debe, opinar sobre los asuntos públicos de la “cubeta”. De hecho creo que es agradecible que una figura de reconocimiento internacional se preocupe de temas de interés público. La política debe ser del interés de todos, pues afecta directamente nuestras cangrejeras vidas. Pero la imposición, por parte de ciertas voces, del cineasta como oráculo energético y eje rector de la discusión pública tampoco me parece aceptable.

Ésa es la otra parte del problema. Quien sale de la cubeta y triunfa sufre una metamorfosis y deja de ser cangrejo para convertirse en águila. Así, desde arriba, se debe apreciar el amontonamiento de los cangrejos que no logran salir de la cubeta, mientras se bajan unos a otros. El águila exitosa surca los cielos del mundo y se asoma a la orilla de la cubeta para decir cómo debemos hacer nuestra vida, que desde arriba se ve miserable y amontanada.

Triunfar en el extranjero es sin duda un gran mérito, lograr el reconocimiento internacional no es algo sencillo. Pero la vida en la cubeta ya no es como antes. Tampoco se puede imponer cualquiera que fue a Europa o viajó en avión o los que hablan inglés. La cubeta tiene algunos hoyos por los que se ve cómo es la vida afuera. También hay libros y tecnología que nos ayudan a comprender nuestra cangreja existencia. Sabemos cómo se maneja el tema energético en los países en los que triunfa el señor Cuarón, en los que podría encontrar respuestas a algunas de sus preguntas.

En el fondo, hay que agradecer al cineasta el que se hiciera una discusión pública a partir de su iniciativa y a León Krauze su texto con nuestras manías para hacer más llevadera, apasionada e interesante nuestra cubetera vida.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala