Autonomía relativa

Pilatos

La Semana Santa, aparte de ofrecer múltiples formas de tener un vía crucis al salir de vacaciones, también son días de lecturas y encuentros. Por estas fechas me gusta recordar en este espacio a uno de los personajes centrales de aquellos días: Pilatos. Concretamente, me he referido al libro de Ann Wroe: Pilatos, biografía de un hombre inventado (ed. Tusquets). Sorprende que se tengan tan pocos datos ciertos sobre un hombre que es referencia clásica a la hora de impartir —o no— justicia. Una parte relevante del libro es la que se ocupa del juicio. Es claro que Pilatos no quería condenar a Jesús, lo que no sabemos es si realmente fue por estar convencido de la inocencia o por contrariar a los sacerdotes que lo presionaron todo el tiempo durante el juicio. De cualquier manera la turba ejerció una fuerte presión sobre el funcionario romano. Más allá del supuesto sueño de Prócula (esposa de Poncio) por el que le mandaba un mensaje para no condenar al nazareno, Pilatos no quería otro enredo y lo más probable es que no encontrara el significado real de las repuestas que le daba Jesús, de hecho Pilatos encontró una fuerte resistencia en las mismas, es decir, el acusado no le ayudó a comprobar su inocencia.

Un par de subrayados.

Bernard Shaw sobre Pilatos: "la historia ha firmado su sentencia contra él, pues ningún Estado se ha constituido jamás basándose en los principios de Cristo ni ha hecho posible la vida según sus mandamientos". "Políticamente, a la doctrina de Cristo no se le ha hecho más caso que el que Pilatos le hizo".

En una entrevista con The Sunday Telegraph (07/04/96), Tony Blair dijo: "Lo que intriga de Pilatos es hasta qué punto intentó hacer lo correcto y no lo contrario. Si hoy reclama nuestra atención moral, no es porque fue un hombre malo, sino porque fue casi un hombre bueno. Podemos imaginárnoslo —titubeante, angustiado— convencido de que Jesús no había hecho nada malo, deseoso de ponerlo en libertad. Sin embargo, igual de fácil es visualizar a sus consejeros, que acudían a advertirles los riesgos, para que no diera motivos a disturbios ni inflamara la opinión pública judía. Es una parábola intemporal de la vida política.

Es posible ver a Pilatos como el político arquetípico, un hombre entre la espada y la pared, ante un dilema político muy antiguo. Sabemos que actuó mal, y sin embargo, la suya es la lucha entre lo correcto y lo conveniente, una lucha que se ha repetido infinidad de veces a lo largo de toda la historia. Los Acuerdos de Múnich de 1938 son un ejemplo clásico, como lo fueron también los debates en torno a la Ley de la Gran Reforma de 1832 y las Leyes del Grano. Y, cuando echamos una mirada retrospectiva, no siempre vemos con claridad qué es en verdad lo correcto. ¿Deberíamos hacer lo que nos parece un principio irrenunciable o lo que es políticamente conveniente? ¿Aplicar un test utilitarista o decidimos por lo absoluto desde un punto de vista moral...?

El cristianismo es optimista respecto de la condición humana, pero no ingenuo. Puede identificar lo bueno, pero conoce la capacidad de hacer el mal. Creo que el esfuerzo incesante por hacer el bien y evitar el mal es el auténtico propósito de la existencia humana. Y de ese esfuerzo surge el progreso".

Twitter: @juanizavala