Autonomía relativa

Los Peña Dresser

Se sabe: los extremos se tocan. Se sabe: el pasado nos delata, nos persigue y no miente. Es el caso del presidente Peña. Nada hay que se esconda del hombre y la mujer que son públicos. El caso de la tesis de licenciatura del presidente Peña es un ejemplo clarísimo. Por supuesto no hay que minimizar el asunto. Tienen razón los académicos que insisten en no restarle relevancia al tema, pues eso nos lleva a convivir con la mentira, tolerar la deshonestidad intelectual. Un desplegado firmado por varios de ellos finaliza de esta manera: "La honestidad no es, ni puede ser, una moneda de cambio, sino un principio que debe regir la vida académica, la vida política y la vida social. Reivindicar este valor en todos los ámbitos es parte necesaria de la lucha contra la corrupción y contra la impunidad".

Pero Peña no es el único plagiario destacado en nuestra vida pública. A la cabeza del comité de salud pública siempre destaca con su dedo flamígero para señalar a corruptos, ladrones y plagiadores la señora Denise Dresser. Ya en una ocasión publiqué en este espacio la vocación de la señora por repetirse. Ella, por supuesto, lo minimizó. Pero creo que es buen momento para recordar las andanzas de la académica Dresser. Ella publicó en 1994 en la revista Este País un artículo titulado "La promoción de la democracia en México". Cuando tiempo después el también académico Jorge Chabat lo leyó, se sorprendió por la extraordinaria similitud con un texto suyo en inglés publicado tres años antes. Chabat hizo el cotejo y el resultado fue sorprendente, por lo que mandó una carta a la revista, aparecida en el número de agosto de 1995, en la que expone el caso. El asunto es que eran 15 párrafos (varios de ellos idénticos) que dejaban en claro que se está sin duda" frente a un caso de plagio" y que lo publicado rebasaba "las más elementales reglas de la ética profesional". Incluso el párrafo de conclusiones de Dresser es un párrafo "copiado de mi artículo". Y subraya que en los párrafos utilizados no "pone las comillas cuando la cita es textual".

La respuesta de la doctora Dresser no la dice ni Peña. Evidenciada en el plagio alegó, en carta aparecida en el mismo número, que "el error fue producto de la torpeza y no de la malicia deliberada". Y explica su forma de trabajo: "Después de tomar tantas notas y de utilizar constantemente la orden 'cut and paste' en la computadora, llegó un momento en el cual yo ya no sabía de dónde había sacado qué, qué había escrito yo y qué habían contribuido otras fuentes". Dresser menciona que tiene muchos trabajos y que eso se traduce en falta de concentración. Dice que "todos nos equivocamos" y que su caso demuestra cómo "ni las técnicas de investigación que enseñan los doctorados flamantes son suficientes para evitar errores que resultan de la presión y las agendas sobrecargadas". ¿Así o más cínica?

Exigir honestidad de la clase política es una tarea de todos. Pero quienes ejercen la crítica también son personajes públicos, influyen con su opinión. También tenemos derecho a saber quiénes son. Es claro que un país tiene problemas cuando entre sus líderes cuenta con políticos como Peña y académicos como Dresser.

Twitter: @juanizavala