Autonomía relativa

Peña: entre la tragedia y AMLO

Habrá que comenzar a acostumbrarnos a lo que parece ser una especialidad del presidente Peña: la tragedia. No imaginamos lo rápido que este gobierno instalaría el desorden como modo de operación política y el estancamiento como modelo económico. Para tristeza de todos, la naturaleza ha puesto su parte y el agua nos ha mostrado nuestra vulnerabilidad ante sus caprichos.

A Peña parece que la tragedia comienza a perseguirlo, a ser parte de su sombra. El Presidente no puede anunciar la creación de empleos, porque no hay; no puede anunciar el crecimiento económico, porque la economía está paralizada; creyeron que la delincuencia organizada iba a desaparecer si dejaban de hablar de ella y ya vieron que no es así, el crimen y la inseguridad continúan. Dejar de hablar de muertos sonaba bonito, pero no es posible. Ni siquiera se han puesto de acuerdo en cómo contarlos. Tuvo que cancelar su participación en la ONU por las tragedias naturales en varios estados; nunca había tenido el Zócalo tan poca gente en la noche del Grito, como el primero que dio Peña. Vaya, el Presidente no puede ni festejar un triunfo de la selección mexicana, la posibilidad de ir al mundial está al borde del abismo como casi todo en estos días.

Al presidente Peña se le han acabado los buenos anuncios. Lo que dice enerva e irrita a amplios sectores. Para su desgracia, la política es así: no se puede quedar bien con todos: cada movimiento afecta un grupo. Inevitable. Por eso el Pacto por México es engañoso, porque la ilusión no puede ser permanente. Quizá por eso, el propio Presidente se refugia en esa instancia, porque cree que si los beneficios se los lleva él, los fracasos los pagarán los otros. Eso está llegando a su término.

Sorprendentemente Peña ha decidido quedar bien con un grupo que lo detesta: López Obrador y compañía, Cárdenas y sus seguidores. De esa manera coquetea con propuestas de reformas que los tranquilicen a costo de la modernización del país. Ya están de nuevo en la calle para protestar contra las propuestas del Presidente y decir que quiere vender Pemex. Hay que repetirlo: Dios los hace y Peña los junta.

El Presidente ha decidido golpear a un buen porcentaje de los que votaron por él subiéndoles los impuestos. ¿Quién se la aplaude? ¡El PRD! Claro, la propuesta de Peña contiene lo que les gusta a esa izquierda: recargarse en los medianos empresarios, en la clase media que ha progresado y el regreso del gobierno a endeudarse, aunque no sepa gastar bien. No hay en la propuesta peñista un esfuerzo del gobierno en ahorros y austeridad. Por supuesto la opacidad, otro de los sellos de este gobierno, está presente, nada de rendir cuentas.

Con la energética y la fiscal, el Presidente ha logrado irritar a todos los sectores. Incluso a sus socios. El PRD ya hizo sus marchas contra la privatización petrolera y el presidente del PAN, que aplaudía animadamente la presentación de la reforma fiscal, dio una vez más muestra de que padece seriamente de sus facultades mentales y dijo días después que no conocía esa propuesta y que no la iba a apoyar.

Y todavía no se hacen las leyes secundarias de las reformas constitucionales ya aprobadas que terminarán por molestar a más de uno. Pero bueno, parece que la estrategia es moverse entre la tragedia y quedar bien con López Obrador.

Twitter: @juanizavala