Autonomía relativa

Partidos en su jugo

La tolerancia de los partidos a las conductas escandalosas de sus militantes se está volviendo moneda corriente y parte de las actividades cotidianas.

En estos días hemos podido ver reflejos de los tres partidos políticos más grandes, PRI, PAN y PRD, que muestran realmente qué son y cómo están.

El hedor del priismo está de regreso. El caso del líder capitalino Cuauhtémoc Gutiérrez es un retrato de lo que son los líderes del priismo. Acusado desde 2003 de contar con un staff de jovencitas que tienen, entre sus funciones, satisfacer los apetitos sexuales del priista, ha vuelto a la escena. Gutiérrez, que se ha dado a conocer por sus arranques violentos, su origen humilde y su presente de asqueroso proxeneta, ha dejado el liderazgo del priismo en el Distrito Federal.

El connotado priista respondió que era una campaña de calumnias en su contra. Que la negociación con las mujeres ocurriera en las oficinas del PRI nos recuerda que el priismo, en sus oficinas, se siente impune. Si a Gutiérrez se le prueba el delito de trata, es un asunto específicamente jurídico. En lo político Cuauhtémoc Gutiérrez es una de las muestras más deplorables de nuestra vida política: el abuso y la humillación como muestra del poderoso. ¿Qué va a hacer el PRI? No lo sabemos. Hace diez años le permitieron seguir a pesar de lo que se sabía de él. Pero aún lo hicieron líder del partido. La tolerancia de los partidos a las conductas escandalosas de sus militantes se está volviendo moneda corriente y parte de las actividades cotidianas. Debieran poner un ejemplo y expulsarlo. No es necesario que se le pruebe algo en lo legal, eso corresponde a otras instancias. Veamos hasta dónde llega el priismo en consentir a sus crápulas.

Es el caso también del priista Jesús Reyna que fuera secretario de gobierno y gobernador en Michoacán. Reyna declara por cuestiones de crimen organizado. Los rumores de su participación en actividades delictivas tienen mucho tiempo. Que Reyna esté ante las autoridades es, por supuesto, una muestra de voluntad del gobierno federal, pero también es la reafirmación de lo que se dijo en el gobierno anterior: la colusión de las autoridades locales con las bandas del crimen organizado es un hecho y eso impide poder avanzar de fondo en esa tarea.

En el PRD las cosas no están como para que se sientan contentos. Está detenido el que fuera tesorero de gobiernos estatales en Michoacán. Es un hecho que la manera de gobernar del perredismo está lejos de tener aprobaciones. En Michoacán dejaron un tiradero. Hay que recordar que un hermano del ex gobernador Godoy está prófugo y que ese partido lo hizo diputado federal y, literalmente, lo encubrió. No se sabe hasta dónde pueden llegar las cosas en ese estado. En otro de sus gobiernos, el Distrito Federal, el asunto del fraude en la Línea 12 del Metro da vergüenza hasta platicarlo. Enfrascados en una batalla entre precandidatos, los perredistas han terminado por mostrarnos lo riesgoso que resulta ser gobernados por ese partido.

El PAN metido de lleno en sus rencillas internas, da muestras claras de su deterioro en todos los ámbitos. La fallida negociación para el INE es el reflejo de un partido que ha abandonado sus intereses políticos y hasta sus especialidades, por preferir mantener una lucha burocrática. Nunca el PAN había perdido espacios de esa manera. En el PAN no hay rumbo. Eso tiene que ver con la ausencia de liderazgos fuertes, pero también con las enormes limitaciones de toda índole que campean en la dirigencia nacional. A la deriva política, el panismo en sus cúpulas, con notables excepciones, ya solo sabe cobrar en la caja y agredirse entre sí.

Así tenemos a los partidos: están en su jugo.

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