Autonomía relativa

Panorama descompuesto

La descomposición del panorama posreforma y posinforme es un hecho. La imagen del México violento está de regreso.

Que manda decir la realidad nacional que qué padres las reformas estructurales y el Pacto por México, pero que ya es tiempo de ver cosas más terrenales, como la inseguridad y la inoperancia negligente de algunos gobernadores y otros funcionarios. Así comenzó su artículo hace un par de días Salvador Camarena (“El desorden nacional”. El Financiero, 29/09/14).

Y tiene razón. Cuando diversos indicadores apuntaban una tendencia a la baja en cuestiones de ejecuciones, la violencia como tema ha vuelto a resurgir como en los momentos más álgidos del sexenio anterior. El pavor del actual gobierno a ser comparado con el de su antecesor, parece justificarse en estos días. La descomposición del panorama posreforma y posinforme es un hecho. La imagen del México violento está de regreso.

El caso Tlatlaya, como ya hemos comentado en este espacio, amenaza con ser un grave problema de imagen nacional e internacional en el que está metido el Ejército y el titular de la PGR se juega su prestigio en la investigación. Como si esto fuera poco, Guerrero aportó la crónica de un fin de semana de horror: 57 desparecidos, fuego policial sobre civiles, muertos, decenas de heridos y el secretario general del panismo local asesinado en restaurante de Acapulco a temprana hora de la mañana.

El caso de Guerrero es la expresión de un estado donde el orden y la gobernabilidad están escondidos bajo alguna palmera. Hay un gobernador ausente, más preocupado en las negociaciones por colocar a su hijo en la alcaldía de Acapulco que por ver qué sucede en la entidad que malgobierna. Es el típico comportamiento del cacique.

Guerrero es un polvorín. Y no es solamente cuestión de crimen organizado, el asunto va más allá. Es la anarquía. Lo sucedido en Iguala es de terror: policías que disparan sin control contra civiles como si estuvieran combatiendo a un cártel entero de narcotraficantes. ¿Quién desaparece 57 personas? ¿Cómo es eso posible? Es una noticia escalofriante. Si los estudiantes de la normal de Ayotzinapa se han caracterizado por su vocación violenta y por realizar desmanes de todo tipo, eso no justifica su desaparición y mucho menos, si en ella participaron autoridades.

El vacío de gobierno no solo es del gobernador. Escuchar al presidente municipal de Iguala en entrevistas es para deprimir por su escaso sentido de la realidad y porque de su voz se desprende cualquier cosa menos autoridad. Si el gobernador no existe, los municipales menos. El gobierno de Peña se la pensará más de cinco veces antes de enviar una figura como la del comisionado Alfredo Castillo en Michoacán. En Guerrero, Ángel Aguirre no los dejará hacer nada. El problema es que la imagen de Guerrero se vuelve la del país en el ámbito internacional.

A lo anterior hay que sumarle los estudiantes del IPN en paro y manifestándose masivamente —con el consecuente problema de la solidaridad y de otras instituciones y que eso se desborde—; el secuestro y asesinato de un diputado del PRI en Jalisco; las balaceras de todos los días en Tamaulipas, el semivacío de gobernabilidad en Michoacán, los caprichos de los gobernadores más lo que se acumule esta semana. El panorama se ha descompuesto.

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