Autonomía relativa

El PRI con palomitas

Una de las primeras lecciones del Pacto por México fue que el gobierno dejó muy en claro a quién prefería como interlocutor en los partidos de oposición: los ganones, por decirlo de alguna manera, fueron Madero y Zambrano; los perdedores fueron los mexicanos, que se quedaron sin partidos de oposición. Pero, más allá de la decisión de las cúpulas partidistas de entregarse de manera burda, se mostró de manera abierta que el gobierno metería las manos en las sucesiones de las presidencias, tanto del PAN como del PRD.

Claro que el PRI y el gobierno han de haber imaginado una estrategia de fino hilado para generar problemas en los partidos opositores y que, por lo tanto, enfrentaran serios problemas de imagen y no avanzaran ante los errores gubernamentales. La tarea se les ha facilitado enormemente: si quieren destruir a la oposición, no tienen que hacer nada, simplemente comprar palomitas y sentarse a ver un espectáculo con variantes cómicas, ridículas y degradantes.

En el caso del PRD, el pleito entre tribus es una tradición. En esta ocasión contaron con la presencia del ingeniero Cárdenas. Cuauhtémoc jugó unos días con la posibilidad de regresar a liderar ese partido. Ingeniero mata aspiración, admitían los suspirantes. Todos parecían contentos con el regreso de un concepto priista que está en sus raíces: “el candidato de unidad”. Inexplicablemente, la sensatez se apoderó de Cárdenas y decidió no participar para dejar paso a los nuevos cuadros, a los nuevos valores del perredismo, por lo que participarán en la contienda las jóvenes promesas Carlos Navarrete, Marcelo Ebrard y Carlos Sotelo.

Es evidente que la dirigencia de Zambrano y una buena parte de la estructura partidista apoyan a Navarrete y , sobre todo, detestan a Marcelo Ebrard. Esta semana el propio presidente del partido la emprendió contra Marcelo diciendo que es “el perredista más desinformado del país”. Además el presidente del PRD dijo que no sabía que Ebrard “tenía vocación policiaca” o que “tuviera espías”. En este aspecto el más desinformado parece Zambrano, pues es de todos conocido que Marcelo sí tiene vocación policiaca, que la ejerció como titular del Departamento de Seguridad de una de las ciudades más grandes del mundo, razón por la que a nadie le extrañaría que tuviera espías. El gallo del gobierno de Peña será Navarrete.

En el PAN las cosas van de mal en peor. La crisis de esta semana sobre las “mochadas” sirvió para revelar qué pasa en ese partido. El senador Ernesto Ruffo, de fulgurante pasado y de patético presente, acusó a los diputados de su partido de formar parte del “moche” que coordinaba “el Manlio” (así dijo), que era un chisme, pero que “el chisme tenía contenido”. Resulta curioso que Ruffo hable así, pues fue acusado de “coyotaje” cuando representaba empresas internacionales para adquirir concesiones en Punta Colonet (Revista Z #1690 “Los negocios de Ruffo”). A saber de dónde sacó el certificado de pureza.

Las enemistades blanquiazules son de tal nivel que los ataques sobrepasan el sentido común. En una casa donde viven todos, cualquiera es capaz,  no de aventar una granada a un cuarto enemigo, sino de lanzar una bomba que destruya la casa. Cuando hay un problema, llega el presidente del partido a resolverlo a insultos y patadas, como hizo descalificando al grupo Panistas por México, al decir que era un membrete “y no existe en mi partido.” Es claro cuál es su partido: el de Peña. Y claro, el candidato de Peña es Madero.

Así está la oposición. ¿Para qué se mete el PRI?

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala