Autonomía relativa

El PAN de todos los días

Lo que sucede en el PAN es una verdadera tristeza. La asamblea del día de ayer es la confirmación de la debacle que sufre ese partido que, algún día, se distinguió por su civilidad democrática, sus ideas, sus tribunos y sus debates. La de ayer terminó como un verdadero evento de las peores épocas del PRD.

Ése es el PAN de Madero, un partido en el que impera el primitivismo de su dirigente y su dirigencia. Hablan de darle fuerza al militante pero Madero tuvo que abandonar el recinto rodeado de personal de seguridad protegiéndose de sus militantes. De hecho, en un acto que habla muy claro de lo que piensa el presidente de sus compañeros, ¡contrató seguridad para el evento! Así está la confianza. Pero la militancia le regresó su desprecio al presidente. En el PAN se viven cosas de locura. Madero fue increpado duramente según varios testigos y notas periodísticas. Corrupto, vendido, peñista, entreguista fueron algunos de los adjetivos que se llevó este pobre hombre de mediocridad pavorosa.

Al presidente del partido le aventaron papeles, boletas, mentadas y hasta fruta. Plátanos y manzanas. Esto no habla precisamente de la devoción panista por la alimentación sana, sino de que todavía está vigente la práctica priista de la compra de los “lonches”. En la asamblea de ayer hubo golpes, amenazas, un clima de violencia. Y todo lo veía desde el presídium Madero, acompañado ya de la poca gente que le queda, como el neofascista Ricardo Anaya, siempre dispuesto a ser maestro de ceremonias, o el señor Marko (así se escribe) Cortés, que realizó un conteo vertiginoso de cinco mil votos con los ojos y declaró aplastante mayoría para que Madero pudiera dar por concluida la asamblea entre gritos de ¡fraude, fraude! La dirigencia desesperada subía el volumen de los micrófonos para acallar la gritería. Abajo del presídium comenzaban lo empujones y a lanzar objetos. Ése es el PAN cuya dirigencia es asesorada por un decrépito político como Ruffo y un lisiado moral como Javier Corral.

Pero ése es el clima en el PAN. La dirigencia tiene vocación por el zafarrancho y enfrentamiento con los militantes. Hay notas periodísticas que mencionan cómo Gustavo Madero tomaba fotos de los que le reclamaban su actuar. El presidente “fichando” a los militantes para, seguramente, sancionarlos. Si eso hace el presidente, pues el militante se tendrá que defender. Es el caso, que ya se ha comentado en medios, de la secretaria general del partido la señora Cecilia Romero. Desde que yo entré al PAN, esta mujer ya figuraba en la dirigencia partidista y ahí sigue, inamovible. Conocida por su fanatismo religioso y sus vínculos con la extrema derecha, esta mujer pretende, con triquiñuelas legaloides, descarrilar la candidatura de Fernanda Caso a la dirigencia juvenil. El motivo de la irritación: la joven no tiene la misma religión que la señora secretaria. Hasta con los jóvenes la emprenden. Hasta la religión quieren imponer.

El de ayer es, tristemente, el PAN de todos los días en esta época: la dirigencia agrediendo, imponiendo, trampeando y los militantes defendiéndose. Es la era del enfrentamiento. El partido es una batalla campal. Madero se quiere ir como Greta Garbo pero terminará como Lyn May.

Twitter: @juanizavala