Autonomía relativa

Noticias de la discusión energética

Son ya muchos los años de discusión en torno al tema energético. Que senadores del PRI y del PAN decidan reformar la ley y crear un ambiente de inversiones privadas y de modernidad significa que el país podrá generar empleos e ingresos que han sido aplazados por dos décadas. Desde mi punto de vista hay que felicitar a los senadores que decidieron dar un paso adelante para lograr una reforma acorde a los tiempos que corren y a las necesidades que tiene el país. Es una buena noticia para las definiciones de esos dos partidos y, hay que decirlo, de la del gobierno federal. La política se asomó en estas semanas al Senado.

Parece ser, coinciden quienes han estudiado el tema a fondo como Macario Schettino y Carlos Elizondo, que la situación con Pemex ya no daba para más. Importamos la mitad de la gasolina que se consume y en el gas importamos cerca de 40%. Los datos de productividad en Pemex por trabajador están tres veces por debajo de Petrobras, según datos del CIDAC. Importamos cerca de 600 mil barriles diarios y exportamos 1.1 millones de crudo (Schettino). Por su parte, Carlos Elizondo ha dicho claramente que el petróleo sí se vende —de hecho es parte de las actividades de Pemex—, y que nuestro riesgo está en no hacer nada ante la situación. “Lo importante no es solo vender petróleo, sino lograr en el proceso la mayor utilidad posible de esta operación. Para la izquierda esto se logra haciendo que Pemex refine el crudo. Están equivocados. Entre más refine Pemex, más pierde. Algunas empresas saben ganar utilidades en ese proceso. Pemex, no”. Parece que una vez puesta en marcha la reforma será una buena noticia para los consumidores.

Que el líder sindical de los petroleros ande escondido no debe ser noticia. Es lo que le toca, es la mejor noticia que se puede tener de él. Muchos desearían saberlo defenestrado, encerrado, perseguido. Imagino que debe sentirse contento y que sabrá explicarle a sus agremiados su participación en una reforma que seguramente los afectará en sus canonjías pero que los liberará para tener otros campos de desarrollo en el mercado laboral. Es una mala noticia para el líder charro, y una buena para el país.

La mala noticia de todo esto parece ser para la izquierda mexicana. Ya Luis González de Alba le había advertido hace unos meses, que el “petróleo no se come, se vende”. Pero para nuestra izquierda son más importantes sus pancartas y consignas que las políticas públicas. Sus reclamos y argumentos se reducen a lo de siempre. Una, dos, tres marchas, unos gritos repetidos hasta la saciedad, y la inevitable “toma de la tribuna” con banderas y entonaciones del Himno Nacional. Es la manera que tiene la izquierda de darse a conocer, de salir en los medios. “Traidores”, “vendepatrias”, “entreguistas”, proyanquis”… Ni siquiera alguna novedad en los adjetivos de las últimas cuatro décadas.

Por supuesto que les pareció muy nacionalista subir los impuestos. En esa ocasión no salieron a relucir las banderas ni sus consignas soberanas. Viven entre fantasmas. Por eso no sorprende que las únicas palabras que tuvieron eco fueran las de la senadora Lady Layda (como acertó a ponerle Gil Gamés). La señora, que se había destacado por jugar con su iPad en las sesiones, citó a Saramago y lo terminó convirtiendo, como todo lo que pasa por ella, en una vulgaridad. Y esa es una mala noticia para la izquierda, que de un debate por la modernidad queden solamente las palabras de alguien que hace de sus dichos su más puntual biografía. Mala noticia.

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