Autonomía relativa

Mundial sí, reforma energética también

Si comparamos en términos de qué genera más interés, hasta un torneo de damas chinas llama más la atención que un foro energético del perredismo en el Senado.

Una vez abanderada la selección y lanzadas las palabras de aliento por parte del presidente Enrique Peña y las promesas del entrenador de la selección, entramos de lleno en el ambiente mundialista. Traigan la Copa, dice el Presidente. Traeremos la Copa dice el entrenador. Son ejemplo de triunfo y esfuerzo, dice el Presidente. Seremos ejemplo de entrega y victoria, dice el entrenador. Salgan a ganar, “ningún jugador es tan bueno como todos juntos”, dice el Presidente. “No existe el miedo” en los muchachos, dice el entrenador. Y así por el estilo: escribir la historia, ganar el trofeo, dejar el corazón en la cancha, la nación está detrás de ustedes… lo de cada cuatro años donde cada quien dice lo que le corresponde decir. Solo queda, seriamente, desearle suerte a los seleccionados y que ganen lo más que se pueda. Nadie les pide lo imposible.

En el otro lado del asunto mundialista están los que creen que el campeonato de futbol obnubila a medio mundo y que la gente estará embebida en su totalidad tras la pelota que rodará por canchas brasileñas. Cierto, somos un país futbolero y apasionado con ese deporte. Pero no más que Alemania, Italia, España o Argentina, Brasil y Colombia. En países europeos, como en los nuestros, suspenderán cualquier cosa para ver el partido de su selección. Y eso es bueno, la gente se reúne para pasar un buen rato que podrá terminar en risas o lamentos. Pero eso no significa que la gente vea todos los juegos sin parar.

Por alguna razón, miembros del PRD y algunos de sus seguidores consideran que somos un pueblo bastante idiota y que no podemos separar cuestiones trascendentes de un partido de futbol. Su mente primitiva les impide comprender que hay gente que trabaja todos los días y que no puede dejar su trabajo —entre ellos deberían figurar los legisladores del PRD, pero es mucho pedir: que no a todos se les va la vida en el mundial y que, aún así, el país no se detiene por el campeonato de futbol. Lo que sucede es que los legisladores piensan que todo es un distractor.

Así como no a todo el mundo le encanta el futbol, no a todos les interesa saber qué se debate en torno al tema de telecomunicaciones o el energético. Lamentable, qué pena, pero así es. Eso no se remedia ni con Alfonso Cuarón participando activamente en los debates. Qué piensa el senador Miguel Barbosa o la senadora Dolores Padierna sobre el petróleo sin duda es mucho menos atractivo que cualquier partida de billar televisada. Si comparamos en términos de qué genera más interés, hasta un torneo de damas chinas llama más la atención que un foro energético del perredismo en el senado. Los primeros que buscan distractores para no cumplir con su trabajo son los propios legisladores.

Sentir que el Mundial les quita rating a sus comentarios y ponencias es una de las muestras más aberrantes de la soberbia legislativa. No son materias comparables. El debate energético no se agotará en 90 minutos y no se debe posponer más. Si la selección gana sus encuentros, las discusiones se darán en un ambiente festivo. Si la selección pierde sus partidos estaremos sin movernos en la grisura anímica que está resultando el peñismo.

Hacer caso a quienes claman la posposición del debate por el mundial es abrir la puerta de los pretextos absurdos. Que no se discuta tal asunto porque van a estrenar la de los X-Men; que no se apruebe tal moción por que se casa Angeliquita Vale o Kim Kardashian. Que la gente vea el futbol es parte de una satisfacción individual y colectiva, que los senadores y diputados no legislen es una irresponsabilidad. Cada quien a lo suyo.

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