Autonomía relativa

"Michoacanazo reloaded"

Lo que ha pasado en Michoacán también es el fruto de todas esas acciones que parecen simples y hasta inofensivas, pero que ayudaron a extender el poder de los criminales.

Después de muertes, acusaciones, aprehensiones, enfrentamientos, toma de pueblos y municipios por parte de las autoridades y los delincuentes, señalamientos entre partidos y un sinnúmero de comentarios en torno al tema, en Michoacán se ha dado un paso mayor para solucionar la anarquía criminal reinante en esa entidad con la detención de Jesús Reyna.

No ha sido sencillo. Han sido años. Es claro que para el gobierno peñista las cosas han sido un poco más sencillas (si es que hay algo políticamente sencillo en ese estado), al contar con que los gobernantes locales son del mismo partido. Esto no quita la voluntad decidida ni los golpes estratégicos exitosos que se han tenido, pero sí muestra la dificultad del gobierno anterior por tratar de obtener la colaboración de gobiernos de entidades gobernadas por personajes de otros partidos. No podemos olvidar que el gobierno federal nombró al comisionado Alfredo Castillo una especie de virrey que decide las acciones en el estado, al margen del gobernador, y que eso es parte de los frutos que se están viendo (sé que se tomará esta última parte como justificatoria. Nada más lejos de mi intención, hablo de las partes prácticas de la acción política. Para juzgar al calderonato ahí están las cifras y los hechos. La aprehensión de Reyna, me parece, apoya el discurso y la intención del gobierno anterior respecto a que el crimen organizado estaba involucrado al más alto nivel en las esferas políticas estatales y municipales; sin embargo también muestra el fracaso del anterior de poder llevar los casos legales de manera exitosa. Pero una cosa no quita la otra: veremos, sin duda, a este gobierno actuar contra munícipes).

Al momento no hay un solo comentario respecto de que Enrique Peña quiera politizar la situación. Hay cosas más graves a la hora de gobernar que estar pensando si se queda bien con un partido o mal con otro. La situación en Michoacán llegó hasta donde llegó por diversas razones, pero una de ellas fue que, precisamente los partidos, se metían a defender a sus malandros, ante la complacencia de los críticos del gobierno. Un ejemplo: el ahora gobernador de Coahuila, el priista Rubén Moreira, flanqueó —imagino que en un acto que consideró de valentía sin límites— a Julio César Godoy a que rindiera protesta como diputado cuando se decía que tenía vínculos con el crimen organizado. Godoy lleva prófugo varios años. Quizá el gobernador Moreira podrá ahora avergonzarse de lo que hizo cuando fue llevado a hacer esa estupidez tan solo por su antipanismo. Y es que lo que ha pasado en Michoacán también es el fruto de todas esas acciones que parecen simples y hasta inofensivas, pero que ayudaron a extender el poder de los criminales. Socavar a nuestros gobiernos es algo que favorece y gusta a los delincuentes, pero es algo que, como sociedad, nos pone en peligro. Los políticos debieran tener más en cuenta esto último a la hora de tomar posiciones respecto de temas tan delicados.

¿Dónde terminará el asunto en Michoacán? No lo sabemos, pero estamos ante un caso de los que la gente siempre rumora y pocas veces se puede probar jurídicamente: los poderosos políticos coludidos con el crimen. Jesús Reyna no era un priista cualquiera: fue secretario particular del gobernador, subprocurador general de Justicia del Estado, procurador general de Justicia, oficial mayor de la Secretaría de Gobernación, diputado local, diputado federal, presidente del PRI estatal y gobernador interino de Michoacán. Como se ve, por esas manos, ahora sabemos templarias, pasaron la justicia del estado, el partido en el estado y la administración pública del estado. Es para no creerse, pero la realidad siempre es más lamentable de lo que pensamos.

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