Autonomía relativa

Michoacán y las soluciones exprés

Es indudable que el gobierno de Peña Nieto enfrenta, a poco más de un año de comenzar, uno de los problemas más complejos que en materia de seguridad se hayan presentado: las autodefensas en Michoacán.

En efecto, la autenticidad de un movimiento que buscaba terminar con los abusos del crimen organizado ha terminado mezclado con la propia delincuencia que combate y ha obligado al gobierno a reconocerlos como una fuerza al margen de la ley, pero dentro de lo políticamente correcto.

La confusión en las esferas gubernamentales va desde el secretario de Gobernación, quien dijo que eran buenas y ayudaban al gobierno en el combate al crimen, hasta la inutilidad pública del gobernador constitucional del estado. A eso hay que agregar las revelaciones del procurador Murillo Karam, quien alertó sobre el financiamiento de cárteles a las autodefensas. Un desorden en el primer nivel del gobierno que ya es preocupante.

Michoacán comienza a perseguir al Presidente. Fue muy llamativo que el propio organizador del foro de Davos, Klaus Schwab, preguntara al presidente Peña qué pensaba hacer para que el país dejara de aparecer en los medios con la imagen de la violencia y la inseguridad.

El gobierno, es entendibe, parece tener prisa por solucionar el problema, tratar de “apagarlo” o, por lo menos, que pierda presencia mediática nacional e internacional. Sin embargo, hay asuntos en los que la prisa es mala consejera.

Como parte de la nueva estrategia se han puesto de relieve diversas acciones gubernamentales que se presentan como una solución a largo plazo cuando, en realidad, distan mucho de serlas. El gobierno tiene prisa mediática y esa característica se ha convertido, paradójicamente, en su enemigo. La llegada del comisionado Castillo ha sido acompañada de anuncios efectistas. Pero al buscar dar señales de orden y de avances ha caído en lo que tanto criticó del gobierno anterior: la comunicación sobre la seguridad, los delincuentes y las detenciones.

Al querer cambiar de tema, como en Davos, la realidad regresa al gobierno asunto de gravedad. Comunicar sus logros es algo inevitable porque de otra manera solo permea la información de las acciones de la delincuencia. Por eso esta semana escuchamos sin cesar el nuevo lenguaje del gobierno: El Tío Nicho, El Mencho, El Menchito, El Papá Pitufo, el cártel Nueva Generación, los Templarios, los operativos… palabras, personas y organizaciones que forman ya parte importante de la retórica peñista. A su pesar, pero el ejercicio del poder no es cuestión de buenos deseos.

El gobierno quiere acabar con un problema que le empaña el panorama y le ensucia la gestión. Pero no es con acciones exprés como lo va a lograr. Anunciar la entrada de las autodefensas a la legalidad y a los cuerpos de seguridad despertó más preguntas que respuestas. El anuncio pareció, más bien, desesperado. Son varios los movimientos de autodefensa, así que no se puede negociar nada más con uno. Al día siguiente del supuesto acuerdo se dieron enfrentamientos. Creer que el asunto de Michoacán se arregla en dos semanas es un despropósito. Decir que las autodefensas ya llegaron a un acuerdo con el gobierno y que entregarán las armas y se incorporarán a la institucionalidad es desconocer la magnitud del conflicto y la naturaleza misma de los movimientos armados. El gobierno tiene prisa, su contraparte no. Y el dinero, que ha repartido a manos llenas en sus conflictos con la CNTE y el SME, no parece ser la solución.

juanignacio.zavala@milenio.com 

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