Autonomía relativa

Legislativo, ¿dos pasos para adelante?

Durante años nos hemos quejado de la improductividad de nuestros legisladores. Seamos claros: si algo caracteriza a ese poder, y señaladamente San Lázaro, es su proverbial güeva, su propensión al escándalo, la ignorancia rampante y alarmante de un gran porcentaje de sus miembros, sus rostros y conductas primitivas y un persistente abuso de las finanzas públicas.

La mala fama de los legisladores no es reciente. Es una imagen forjada a través de los años. Es producto, por supuesto, de la cultura política que el priismo desarrolló por décadas. Un poder supuestamente autónomo completamente doblegado ante el Ejecutivo. Durante décadas las cámaras del Legislativo fueron una bolsa de trabajo para los políticos del PRI. Por eso se oponían a la reelección, era la manera de premiar y castigar a sus cuadros. Centenares de puestos de trabajo bien remunerados para repartir cada tres años y tener aceitada la máquina de la corrupción y los triunfos electorales, de la deformación de la vida pública a cambio de las ganancias privadas.

Por eso Abel Quezada caricaturizaba magistralmente a los legisladores del PRI. Gordos, como reflejo de no hacer nada, comer, beber y levantar el dedo para apoyar al gobierno. Esa caricatura sobrevivió hasta hace poco. Hay que decir que la democracia vino a darle vigor a ese poder. El PAN, durante décadas también, daba el único aire de decoro democrático a esas instalaciones. Acción Nacional fue un gran surtidor de destacados parlamentarios. Hombres y mujeres de trabajo y estudio que daban la batalla política por un mejor país, que debatían con inteligencia y agudeza las perversiones de nuestro sistema político, hombres y mujeres temidos por su capacidad, talento y honestidad. Por eso no dejan de dar cierta pena nuestras últimas bancadas, marcadas por la mediocridad, la ausencia de discurso, la falta de ideas. Salvo contados casos aislados, los panistas están sumidos en una grisura que es fiel reflejo de su dirigencia. Pero la aportación histórica blanquiazul ahí está. No es arriesgado decir que los mejores hombres del PAN y sus mejores momentos y aportaciones han sido en el Legislativo.

La izquierda también ha dado aportaciones relevantes. Hombres tenaces como Alejandro Encinas, la propia Amalia García o cómo olvidar al senador Muñoz Ledo, que era la única oposición en el Senado, traer de bajada a los cientos de priistas que simplemente asistían a levantar su manita.

Y el PRI mismo ha tenido que profesionalizar sus cuadros. Al regresar al gobierno se tuvieron que sofisticar un poquito. No es lo mismo mentar madres que defender políticas públicas con argumentos. El caso del senador Penchyna en la reforma energética es notable por su capacidad de trabajo y conocimiento del tema.

Debemos celebrar el trabajo en estos meses en las cámaras de Senadores y de Diputados. No siempre es posible hacer productiva a la clase política. En términos de nuestra incipiente democracia, los legisladores de este periodo podrán decir que la vida democrática también arroja resultados positivos y no solo discusiones ociosas y espectáculos lamentables.

Podemos decir que el Poder Legislativo, con las discusiones de los últimos meses, ha dado dos pasos hacia delante. Ojalá lo valoren y no decidan en septiembre dar tres pasos para atrás.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala