Autonomía relativa

Irritación nacional

Pareciera que la fuga de El Chapo desató la furia del alma nacional. No hay cosa que salga bien. La gente se enfurece hasta porque a Peña se le cae la rebanada de pastel de su cumpleaños. Personas que parecían mesuradas y serias hablan de la ética nacional a propósito del penal que, según ellos, debió haber fallado Guardado —que ciertamente mostró tener un alta ética profesional al tirar como era debido.

Grupos enardecidos porque la selección no se transformó en un ejemplo de virtudes cívicas. Deportistas de chela y tele que exigen perder como valor supremo de la competición. Algo está pasando que cualquier anécdota sirve para ilustrar el alma nacional como un charco de chapote, una masa amorfa y putrefacta.

El futbol, deporte de nuestras esperanzas y sinsabores, nos trajo ahora un arbitraje a favor, lo que resultó una decepción, pues nos quitó al villano que es la autoridad, centro del desquite de los pesares cotidianos. Así, el cometario indignado giraba en torno a las injusticias que le hicieron al equipo contrario, el robo de los penales, las victorias que a nadie gustaron, la copa que nadie celebró. Se gana un trofeo que culmina en un escándalo del líder mayor de la selección nacional apodado El Piojo, que junto con su hija conocida como La Pioja, se le van a los golpes a un par de comentaristas de deportes. Mentadas, amenazas. Esa actitud no parecía la del sabor del triunfo. El entrenador fue cesado.

El ambiente está crispado. Quien no la emprende contra la selección —vilipendiada cuando pierde, ninguneada cuando gana—, mienta la madre porque el dólar anda por las nubes. Qué bueno que no nos da por los clavados o el raquetbol, porque ya le andaríamos exigiendo a Paola Espinoza y a Paola Longoria que regresen las medallas que ganaron en los panamericanos, porque lo importante era perder de manera legal y contundente.

En la irritación generalizada se exigen explicaciones de por qué sí sale El Piojo con prontitud de la conducción del tricolor y los políticos siguen en sus puestos. A la fuga del que fuera el criminal más buscado del mundo y a los datos del incremento de pobres en cantidad de 2 millones de personas, a alguien se le ocurre llevar al presidente al PRI para que le aplaudan y lo apapachen como si se tratara de un cónclave de gente impoluta cuya aprobación fuera un certificado de eficacia y conducta intachable; mientras tanto, en Chiapas arrasó el PRI de la mano del cartel que conforma el Partido Verde.

Y falta el cauce que se le vaya a dar a la solicitud de expulsión del país de ese nefasto personaje que es Laura Bozzo o si se decide mejor emprenderla contra Martinoli. A saber qué pase mañana.

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