Autonomía relativa

La otra "Gran familia michoacana"

Vallejo era un político respetado en su estado. Ganaba elecciones. Fue reelecto como presidente municipal de Morelia, que gobernó en tres ocasiones, y ha terminado su vida política en el cuestionamiento y la turbiedad.

El video en el que La Tuta platica con Rodrigo, hijo del ex gobernador Fausto Vallejo, es revelador de varias cosas. La primera es que, como se rumora constantemente en los estados, los familiares de los gobernadores hacen funciones de gobierno: deciden contratos de obras públicas, puestos de importancia en el gabinete y realizan operaciones políticas que debieran ser responsabilidad de otros actores. Es el caso, por ejemplo, del padre del gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval. El papá está en el Poder Judicial y dirige una asociación política para apoyar a su hijo y operar políticamente. Pero en Michoacán tenemos el agravante de que el hijo del gobernador se reunió con uno de los criminales más buscados en el país.

No debemos culpar al padre de las acciones de los hijos ni viceversa. Hace apenas unos meses, antes de renunciar al cargo, Fausto Vallejo salió en defensa de su familia, pues precisamente su hijo Rodrigo era señalado como eslabón del poder estatal con La Tuta. Si el hijo mintió al padre o el padre lo defendió como se hace con un hijo, debiera quedar en el ámbito familiar. Pero si el padre lo defendió a sabiendas de sus actividades con grupos criminales —así fuera una reunión—, podría quedar en el encubrimiento, por parte de un gobernador, de actividades delictivas. Los Vallejo enfrentan un problema producto del poder y sus excesos.

¿Quiénes se reunieron con La Tuta? Al parecer, casi todos. Las garantías que daba el individuo a las reuniones resultan escasas. Todas las grababa y, poco a poco, han salido todas y cada una. Ya no hay códigos con el crimen organizado. La legendaria palabra del mafioso, que la guardaba como un secreto protegido, no es algo que suceda con las mafias michoacanas. Todos se acusan entre ellos y quien sostuvo una reunión con el líder templario no tardará en verse en YouTube.

En pocas partes como en Michoacán el refrán de “si el río suena es porque agua lleva”, tiene sentido. Desde hace meses se especulaba sobre que las actividades del hijo del gobernador Vallejo llegaban a vínculos con el crimen organizado. Era cuestión de esperar para que salieran a la luz sus hechos y sus dichos. Lo que sorprende es que Rodrigo no se hubiera ostentado como otro factor de poder ante el líder templario. ¿Qué afán de impunidad cubría al hijo del gobernador? ¿Por qué se sentía invisible para sentarse con el líder de una de las bandas más temibles y que testigos oyeran su conversación? ¿Si era el hijo del gobernador, no pensó que ponía en riesgo a su padre?

Fausto Vallejo era un político respetado en su estado. Ganaba elecciones. Fue reelecto como presidente municipal de Morelia, que gobernó en tres ocasiones, y ha terminado su vida política en el cuestionamiento y la turbiedad. Es una historia que deja en claro que no basta el solo liderazgo, se requiere un equipo probo que hay que poner a prueba constantemente y unas reglas draconianas para los cercanos. De lo contrario, el resultado es la ignominia.

No salimos del pavoroso caso de Mamá Rosa en Zamora cuando nos hemos topado con otra Gran familia michoacana: los Vallejo.

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