Autonomía relativa

Gobierno en aprietos

Como ya se ha señalado en estos días, el gobierno de Peña Nieto atraviesa momentos difíciles que no ha sabido abordar de manera adecuada —por decirlo elegantemente—. El resultado es la visión de un futuro desalentador en lo inmediato e incierto en el mediano plazo.

Justo en la semana en la que el PAN daba la espalda a quien manejó las finanzas con responsabilidad y efectividad, el gobierno de Peña anunciaba sus pésimas noticias económicas. Videgaray se ha convertido, no en el agorero de catástrofes, sino en el heraldo de las certezas del desánimo. El hombre que cautivó en la campaña con su desempeño público, su seriedad y claridad a la hora de comunicar ahora es una máquina imparable que produce irritación y descontento.

Son varios los articulistas que ven agotamiento en el peñismo. Gerardo Esquivel, en un artículo, describía algunas anécdotas de desgaste y sugería que el gabinete ya estaba urgido de cambios. Dice que Rosario Robles, cuya labor es la de dar una cara amable cuando las cosas van mal, es una de las principales generadoras de conflictos, habla de que las cosas no están bien. Señala el gigantesco tramo de responsabilidad que se les dio a Chong y Videgaray y los escasos logros que han tenido. Aparte de las múltiples tareas, dice Esquivel, acompañan uno u otro, o los dos, al Presidente a cualquier cantidad de eventos. Y tiene razón: ¿a qué hora trabajan si todo el tiempo están anunciando algo o acompañado al Presidente de gira?

También Juan Gabriel Valencia, en estas páginas el día de ayer, se preguntaba por qué el PRI y el gobierno no hacían uso de las mayorías que tenían y de las que podían armar. Que eso es parte del mandato que se les dio. Tiene razón, por eso el Pacto era algo ilusorio que ya no podrá revivir por más que sigan vigentes sus instrumentadores. La ilusión del consenso general llegó a su fin y, antes de que termine el año, el propio gobierno habrá desatado una guerra contra los partidos que fueran sus principales aliados con miras a las campañas del año entrante. Queda poco tiempo de compañía para todos, especialmente para el gobierno, que no ha podido sacar adelante sus proyectos y sus promesas. Pero no quieren ir solos, quieren que los acompañen en el cobro de facturas.

Otro de los males que ya tan prontamente aquejan al gobierno es su comunicación. Perdidos en el slogan de “Mover a México”, no atinan a proponer otra cosa. El consenso es que lo mueven, pero hacia abajo. Se puede entender que el Presidente se reserve en entrevistas y conferencias de prensa, pero los demás no explican nada. El vocero de la Presidencia, ante la falta de explicaciones en el proyecto energético, organizó un Hangout, luego lo canceló y lo volvió a organizar con resultados desconocidos. Esta semana tuiteó que no resistía el antojo de “unos tacos al pastor sin piña”. Así las cosas.

El colmo llegó con un subsecretario de la SEP que increpó al Imco, lanzó adjetivos y no aceptó ni una sola pregunta. El titular de Conagua apareció en un evento con un reloj carísimo. Su única explicación fue que era un regalo familiar. Todas las explicaciones de riqueza del gobierno son que o son donaciones o son cosas familiares. También llama la atención que la mayoría de los medios acepten que un funcionario de segundo nivel no acepte preguntas y otro no dé explicación satisfactoria. Lo que es claro es que el gobierno ha comenzado a resbalar en diversas áreas y todavía le faltan más de seis meses para cumplir dos años.


juanignacio.zavala@milenio.com

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