Autonomía relativa

De Gabriel "Trompetas"

Decir que era el poder el que se acercaba a él, es negarle su actividad –en él irrenunciable– de reportero, cuya esencia estriba en acercarse al poderoso para entenderlo, describirlo y hasta fascinarse con los personajes.

La muerte de García Márquez ha desatado toda suerte de testimonios y citas sobre encuentros con el genial escritor. Quienes lo conocieron narran su encuentro con el periodista y novelista como si hubiera sido un evento clave para el Nobel. Se entiende que esos encuentros hayan sido significativos para quien los tuvo pero, en la mayoría de los casos, seguramente representaron un encuentro de nula importancia para el gigante de las letras, un hombre tan querido como leído —lo que no es poca cosa y raramente sucede.

En México, una de las declaraciones más destacadas por los medios fue la de Salinas de Gortari. El ex presidente tiene una relevancia mediática sorprendente para haber dejado el poder hace casi una generación. No dudo que tuviera amistad con el novelista de Aracataca, pero su declaración es de un simplismo que solamente nuestros medios, que se maravillan con cada cosa que dice el ex mandatario, le dieron relevancia. Que a García Márquez le gustaran los poderosos se entiende por su calidad, que mantuvo siempre, de periodista. Que a los poderosos les interesara conocer a un genio de las letras se entiende, porque viven en un contexto en el que todo el mundo, más que conocerlos, quiere mentarles la madre. Decir que era el poder el que se acercaba a él es negarle su actividad —en él irrenunciable— de reportero, cuya esencia estriba en acercarse al poderoso para entenderlo, describirlo y hasta fascinarse con los personajes.

Otra nota que me llamó la atención es una aparecida en El País: Una vecina, María del Carmen Estrada, asomaba la cabeza en la puerta contigua a la del Nobel y recordaba el día que le dio un gran abrazo al topárselo. “No había leído ninguno de sus libros, pero la gente le quería mucho, y yo le tomé mucho cariño. Era un vecino ejemplar”. Muy linda doña María del Carmen veía en el Nobel a un gran vecino. Solo en México.

Para no fastidiar más con percepciones personales sobre el padre fundador de Macondo, dejo un par de citas del libro Gabo Periodista (FCE) que aportan algo sobre el género de la entrevista y sobre un momento de tribulación que pasó uno de sus amigos poderosos: Clinton.

“En realidad el género de la entrevista abandonó hace mucho tiempo los predios rigurosos del periodismo para internarse con patente de corso en los manglares de la ficción. Lo malo es que la mayoría de los entrevistadores lo ignoran, y muchos entrevistados cándidos todavía no lo saben. Unos y otros, por otra parte, no han aprendido aún que las entrevistas son como el amor: se necesitan por lo menos dos personas para hacerlas, y solo saben bien si esas dos personas se quieren. De lo contrario, el resultado será un sartal de preguntas y respuestas de las cuales puede salir un hijo en el peor de los casos, pero jamás saldrá un buen recuerdo.”

Sobre Clinton: “La literatura de ficción la inventó Jonás cuando convenció a su mujer que había vuelto a casa con tres días de retraso porque se lo había tragado una ballena. Amparado en esa argucia atávica, Clinton negó ante la justicia que hubiera tenido alguna relación sexual con Mónica Lewinsky, y lo negó con la frente en alto, como todo infiel que se respete. Apeló a toda suerte de artificios elusivos para burlar a natura, pero cuanto más lo intentaba más motivos contra él encontraban sus inquisidores, pues el puritanismo es un vicio insaciable que se alimenta de su propia mierda”.

http://twitter.com/juanizavala