Autonomía relativa

Estampitas del Mundial

Para desgracia de los políticos y comunicadores que se sienten el centro del universo, la palabra última de la patria, no se vendió el petróleo ni se entregó la soberanía nacional al extranjero.

Inevitable. Hay que hablar del Mundial, de la victoria de México, de la alegría que nos han dado nuestros futbolistas. Pareciera que cualquier otra cosa es poco menos que anticlimática. Quedan ahora tediosos días hasta el domingo a las 11 en que volveremos a comernos las uñas y a brincar y sufrir como debe ser en un partido como el que veremos contra Holanda. Recojo en este texto algunas estampas de estos días.

Para desgracia de los políticos y comunicadores que se sienten el centro del universo, la palabra última de la patria, no se vendió el petróleo ni se entregó la soberanía nacional al extranjero mientras el pueblo, al que consideran estúpido y distraído, apoyaba desaforadamente a su selección y le gritaba ¡puto! al extraño enemigo.

Animados por la amenaza de castigo, los aficionados mexicanos en Brasil insistieron en su grito de batalla y ahora lo avientan también en los tiros de esquina. Otro grito, el de gol, ha sepultado el absurdo debate que las buenas conciencias de la corrección política querían llevar lejos. La internacionalización del insulto es innegable y se pudo comprobar cuando las cámaras enfocaron a un ya desesperado jugador croata diciéndole puto a Rafa Márquez, que nada más sonreía como respuesta.

En política suele pasar que el que llega quiere cambiar todo. Y cambia hasta lo que funciona. Miguel Herrera ha dado una muestra de que la consistencia es importante y que, mientras resulte, es aconsejable seguir la misma receta. Presentó la misma alineación en los tres juegos e hizo casi los mismos cambios cada partido. Si la estrategia es la buena, ¿para qué cambiarla? Buena lección.

Otra del famoso Piojo. Mucho se dijo que era más bien un motivador. Se le regateaban los conocimientos técnicos y tácticos. Al margen de haber mostrado solvencia técnica, El Piojo también ha demostrado que la motivación no es poca cosa en el ámbito profesional. Los muchachos de la selección se han comido los partidos a manos llenas, con entrega, técnica y ambición. O sea: motivados. Independientemente de la gestualidad del entrenador, que también lo ha convertido en personaje internacional por los visajes, deja ver un cariño especial entre los jugadores y su entrenador. Los abrazos que se dan y su felicidad son una muestra de la fructífera relación entre ambos.

Eso sí, las quinielas son un desastre. En muchas será mejor que regresen el dinero y que las vuelvan a hacer para las fases que vienen. Es un Mundial en el que muchas cosas han salido al revés. Ahora resulta que la Concacaf es gran cosa. Hay que ver a Costa Rica crecido a lugares inimaginables, a Estados Unidos con un potencial que da miedo (y pronto veremos cómo reclutan a mexicanos que andan por allá) y el sorpresivo, hasta para nosotros, equipo tricolor.

La mayoría de los europeos regresan desencajados a sus países. No fue su Mundial Algunos sucumbieron a su propia soberbia, otros a la mala suerte y otros más a la sorpresa. Así es el deporte.

De esa manera, entre estampitas como las del Panini, nos moveremos hasta el domingo. Los pesimistas con sus presagios de la fatalidad inevitable (que lo es) y los ilusionados con el dulce sabor en la boca de que algo, más de lo que esperábamos, se pudo. Por lo pronto, gracias a los muchachos y al Piojo que, literalmente, han sudado, empapado, la camiseta.

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