Autonomía relativa

“Enviad a los chicos”

No basta hacer detonar las instalaciones donde se desarrolla el armamento nuclear iraní, se elimina a los responsables del proyecto, se les infectan los sistemas con virus informáticos, se instalan fábricas que venden productos defectuosos…

Hay decisiones en la vida del hombre de Estado, de los presidentes, que no deben ser fáciles ni de tomar ni de cargar. Imagino por ejemplo a Obama al tomar la decisión de “abatir” (eufemismo de la eliminación física, muy usado por el gobierno de Peña) a Bin Laden. Incluso se dispuso a ver por video la transmisión en vivo del asesinato del terrorista. Una decisión relevante como pocas, sin duda.

El libro Las grandes operaciones del Mossad, de Michael Bar-Zohar y Nissim Mishal (editorial Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores), contiene la narración de muchas de esas decisiones que han debido tomar quienes han estado, y están, en el poder en Israel y que ejecutan los miembros del Mossad, el famoso servicio secreto de ese país. Conseguir un avión ruso, el rescatar jóvenes vírgenes judías en Siria, repatriar judíos que vivían milenariamente en la miseria etíope, la ubicación y secuestro de Eichman en Argentina para ser juzgado en Israel, la caza de otros criminales nazis, una caja de chocolates envenenados y el sabotaje a las construcciones nucleares en Irán son algunas de las operaciones en las que se narra la organización, decisión y ejecución de esos operativos que son de película, incluso las operaciones que fracasan.

No basta hacer detonar las instalaciones donde se desarrolla el armamento nuclear iraní, se elimina a los responsables del proyecto, se les infectan los sistemas con virus informáticos, se instalan fábricas que venden productos defectuosos que malogran los procesos…en fin toda una estrategia de largo plazo en la que los israelíes ven por su seguridad y la de occidente.

Una de las operaciones más espectaculares fue la llamada Cólera de Dios, con la cual se ubicó y asesinó a los terroristas de la organización Septiembre Negro que participaron en la planeación y ejecución del secuestro y la muerte de atletas israelitas en las olimpiadas celebradas en 1972 en Alemania. La organización terrorista estaba dispuesta a matar cuantos judíos pudieran. La única opción, dijeron el titular del Mossad, Zvi Zamir, y el consejero en asuntos terroristas, Aharon Yariv, cuando acudieron con la primera ministra Golda Meir, era eliminar a los jefes de la organización( hay una película llamada Múnich que recrea esa operación).

Golda Meir se enfrentaba a una de las grandes decisiones que debía tomar. Ella había declarado: “Una vez más, judíos atados e indefensos fueron asesinados en suelo alemán”. Era la pesadilla en una nueva edición. Así que el planteamiento fue el siguiente: “el servicio secreto identificaría y localizaría a los líderes de Septiembre Negro y los mataría. A todos”.

Golda Meir meditó “largo rato y luego empezó a hablar con voz apenas audible, como si lo hiciese para sí misma; mencionó los horribles recuerdos del Holocausto y la trágica marcha del pueblo judío a lo largo de las épocas, siempre perseguidos, acosados y masacrados. Finalmente, levantó la cabeza y miró a Yariv y Zamir. Enviad a los chicos”, decidió.

Durante los meses y años siguientes uno a uno fueron asesinados los líderes de Septiembre Negro. Un bombazo al levantar el teléfono, en la calle a balazos, explosivos al encender la luz, coches bomba o en sus propios domicilios, en el país que estuvieren, los terroristas fueron eliminados. “Los chicos” cumplieron. Y Meir tomó una decisión que, seguramente, mucho le agradecen sus compatriotas que eligen a alguien para que tome decisiones que quizá ellos no serían capaces de tomar.

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