Autonomía relativa

Anaya ya tiene retador

El nombramiento de Enrique Ochoa como próximo presidente del PRI parece ser un acierto. Sumido en una derrota catastrófica, rechazado por una mayoría de los electores, sin más oferta que pedir una disculpa por su conducta pública, el PRI tiene dos opciones: o procesa rápidamente su derrota y asume las tareas que le permitan frenar su deterioro o se dedica a lamentarse, añorar tiempos pasados y culparse los unos a los otros. Parece que han optado por la primera opción.

Cada derrota trae consigo inmolaciones necesarias, derrumba mitos y crea nuevos. Es el caso de lo sucedido con Manlio. Era el político total, el priista que representaba la esencia del partido: hábil, astuto, simpático, experimentado, era la expresión de que lo importante era la experiencia, la eficacia del manejo truculento del pasado por encima de cualquier cosa. Era el parlamentario eficiente, el grillo integral, el hombre de visión de estado y el magnífico operador que debían temer propios y extraños. Todo desapareció un domingo de elecciones que terminó con una paliza verbal que le propinó Ricardo Anaya, un panista diametralmente opuesto a Beltrones.

Quizá es por eso que nombran a Ochoa, un político joven, experimentado en políticas públicas, con soltura para la exposición, con capacidad de debate. Imagino que muchos priistas estarán molestos con la decisión. Así pasa siempre, pero en épocas de derrota lo peor es perder el tiempo en la caza de culpables y nostalgias para volver, al carrusel, al fraude patriótico y el carro completo. Porque mientras eso pasa en el PRI, Anaya recorre los medios de comunicación echando paletadas de tierra al priismo cuya corrupción es motivo de hartazgo nacional, refrendando los triunfos del PAN y mostrando una nueva cara panista. Va solo. El PRI abandonó la plaza mediática. Parece que Ochoa se lo tendrá que surtir si quieren asomar la cabeza. En esos términos Anaya ya tienen quien le pegue.

Hace más de diez años, el PRI cambió su estrategia al ver los triunfos panistas entonces. ¿Qué hicieron? Empanizaron a sus candidatos. Un caso claro es el propio Peña Nieto. El PRI estaba a punto de perder el Edomex, el corredor azul —como se le decía al número de municipios gobernados por el PAN— era garantía de triunfo. Entonces salió Peña Nieto con su imagen: un joven bien peinado, muy pulcro, de escuela particular que parecía panista. El PAN, que ya había comenzado su proceso de priización, rescataba del bote de la basura políticos priistas para ponerlos de candidatos y puso uno contra Peña. Por supuesto, perdió. Una vez pasadas las elecciones se hizo una encuesta en la que se mostraban las fotos y se preguntaba a la gente cuál de los dos era el candidato panista. La gran mayoría decía que Peña era el panista y que el del PRI era el otro.

Seguramente el priismo se lanzará a castigar a sus corruptos, pero también evidenciará a los del PAN y tratará de empatar la imagen. Ochoa le puede dar competencia a Anaya. Ambos son cultos, preparados, tienen buena disposición mediática, son gente de estudio, ambos son competitivos y ambos son muy cercanos a Luis Videgaray (eso dicen). De cualquier manera, la llegada de Ochoa al PRI augura una nueva época de debate público. Se va a poner bueno.

Twitter: @juanizavala