Autonomía relativa

Sobre el Día de la Mujer

En lo personal no me gustan los días internacionales “de”, pero entiendo que sirven para rememorar una causa. El día de ayer fue el de las mujeres. Nunca es un mal día para pensar en ellas y en lo difícil que puede ser la vida de una mujer en cualquier lugar, pero mientras más atrasado sea el país en que viva, más difícil la lucha para ellas.

Apoyé a una candidata mujer a la Presidencia del país. Creo que las mujeres se abren paso en un entorno difícil. Uno puede ver que ya hay mujeres ejerciendo todas las actividades, no solo quienes tienen estudios profesionales. Hay boxeadoras, toreras, futbolistas, luchadoras, secuestradoras, narcas, presidentas municipales, diputadas, senadoras, secretarias de Estado, soldadas, académicas, policías. Y qué bueno. Espero que las cuotas de género tiendan a desaparecer y que la igualdad sea parte de nuestra realidad.

Me referiré a un espacio en concreto de la participación de la mujer: la política.

Creo que, en efecto, el principal enemigo de las mujeres en la política es el machismo. El segundo enemigo más rudo que tienen son… las propias mujeres. No hay quien hable peor de una mujer que otra mujer. Es impresionante. Los primeros insultos contra una mujer que destaca por alguna razón vienen de su propio género. He visto cómo entre ellas se quitan candidaturas, se acusan bajo la mesa, se desollan vivas. Cualquier característica llamativa es fulminantemente despreciada por las mujeres de uno u otro bando.

Eso sí, no se le ocurra a uno criticar a una mujer, porque le caen encima con el grito de pinche macho, misógino. En una de sus entrevistas, la senadora Iris Vianey Mendoza se quejaba de que la criticaban “por sus tacones”. No leí en ningún lugar esa crítica, pero sí de las otras que se quejó: de su manera de vestir y de sus uñas, por ejemplo. Es un recurso fácil decir que las critican por “ser mujeres”. Es falso. Si son personajes públicos están sujetas a las críticas igual que los hombres. Ella gusta de vestirse de cierta manera que atrae las cámaras. Ella se pinta las uñas de manera original. Y ella misma difunde fotos en las que destaca su anatomía. Al parecer no le pone el mismo empeño a la difusión de sus discursos. Entonces ¿de qué quiere que se hable?

En política, la imagen cuenta. Es lo que se denomina “la facha” en lenguaje llano. Para usar ejemplos del propio Senado, imaginemos que el senador Gamboa fuera a las sesiones en bermudas, zapatos de charol y con una camisa del América. Por supuesto que daría de qué hablar. Jorge Luis Preciado se ha hecho acreedor al mote racista de “el senador vieneviene”. La gente que no lo conoce lo confunde fácilmente con miembros del equipo de seguridad o del valet parking, dicen. No es justo criticar a alguien por su apariencia, pero cada quien es responsable de la imagen que quiere proyectar. Nadie le diría nada a Preciado si fuera mujer, por ejemplo.

El trato de iguales no puede requerir sujeción y silencio a la crítica. No todos somos machos ni misóginos y, a veces, una crítica es solo eso y no esconde nada más.

juanignacio.zavala@milenio.com 

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