Autonomía relativa

Cosas que no se olvidan

El 2 de octubre nos ofrece cada año una variedad de eventos mediáticos. La violencia, los actos de vandalismo, es lo que más se difunde en esa fecha. Por ejemplo, en esta ocasión, se volvieron a presentar los conocidos como “anarcos”. Grupos de encapuchados que la emprenden contra cajeros automáticos, vidrieras de comercios y/o policías. Les da lo mismo. Son individuos que, ahora en el gobierno de Peña, hacen su aparición en cualquier lugar del centro en que algún contingente quiera manifestarse. Habilitados para delinquir por las propias leyes que ablandó el gobierno capitalino y su partido en diciembre pasado, hacen que las reuniones para recordar el 2 de octubre queden manchadas de algún tipo de violencia.

En estas marchas siempre aparecen unos líderes, prácticamente desconocidos, del “movimiento”. Cada año aparecen nuevos. El asunto es que los que quieren marchar para recordar uno de los eventos más negros de nuestra historia moderna se reúnen y marchan con puño en alto para declarar a cualquier grabadora que se le acerque que las cosas siguen igual, que el movimiento logró la democratización de algunos procesos pero que las estructuras siguen vigentes, que el aparato represor está intacto, que la policía provoca con brutalidad y cosas por el estilo. Son los conocidos como forevers, gente que, como en la película El Bulto, parece haber perdido los años que siguieron (45) y que siguen viendo las cosas en blanco y negro.

También, por supuesto, hay estudiantes que con ánimo genuino se adhieren a la marcha. Así corren por las calles, le mientan la madre al gobierno y a la autoridad. Gritan consignas a coro y pasan una tarde de lo más entretenida con sus compañeros mientras exigen justicia para las más diversas causas y juran guardar en la memoria a los “compañeros caídos”. Todo bien. Esas son el tipo de actitudes que ayudan a alargar la memoria. Que los estudiantes de ahora, sientan ganas de haber estado en aquellas gestas estudiantiles habla, por lo menos, de un sentido de solidaridad.

Lo que a veces me sorprende de esta fecha es que resulta que todo el mundo fue a la plaza de las Tres Culturas. Nadie te dice que no fue. Claro, hay quienes creen que la memoria es un frasco que se rompe de vez en cuando para desaparecer lo que contenía. De ahí la frase: 2 de octubre no se olvida, para que resistiera el olvido de quien quisiera anhelarlo. Hay un personaje todavía vigente en las fuerzas de izquierda que sabemos que no fue a la manifestación de ese día en Tlatelolco: Porfirio Muñoz Ledo.

En efecto, Porfirio no asistió a la manifestación. Había sido encomendado a una misión por el gobierno de Díaz Ordaz en Washington. Era secretario general del IMSS. Cuando Díaz Ordaz, en un informe asumió su responsabilidad, Muñoz Ledo comentó lo siguiente respecto de lo dicho por el presidente: un armonioso conjunto de tesis en las que se veían las perspectivas de la comunidad nacional; un espléndido esfuerzo de pedagogía social que mostraba capacidad de diálogo y avidez de orientación revolucionaria. Para Muñoz Ledo, los que participaron el 2 de octubre confundían la ideología con la fabricación de dilemas de laboratorio. Para el hoy furibundo izquierdista, eventos como el de Tlatelolco no dejaron como saldo el más mínimo incremento de poder o de influencia a favor de quienes se oponen a la transformación acelerada y la autonomía del país. Tiempo después, Porfirio sería presidente del PRI.

Lo dicho, hay cosas del 2 de octubre que no se olvidan.

Twitter: @juanizavala