Autonomía relativa

Corre, Peña, corre

Mucho se ha criticado a este gobierno por sus fallas en comunicación. Me parece normal. Los problemas en política habitualmente desbordan por esa parte. Grandes comunicadores, como candidatos o como políticos, encuentran su tope a la hora de ejercer el gobierno (el caso de Clinton es excepcional). Es un reto diario y diverso que no se afronta fácilmente. El gobierno de Peña ha intentado hacer algo al respecto. Por lo menos en una de sus habilidades: la forma. Hace seis meses nombró un vocero, Eduardo Sánchez, un priista decoroso por decirlo de alguna manera. Bien, el señor Sánchez tiene más de seis meses en el puesto, cuenta con una estructura de operación, pero todavía no sabemos para qué. La actividad más visible del vocero presidencial es el Twitter. Desde esa plataforma tecnológica convoca a “hangout” o retuitea los mensajes del Presidente o las fotos de las banderas de los países que visitan en las giras.

Sin embargo, esta semana decidió dar la sorpresa y mostró una nueva estrategia para responder a un tuit de López Obrador: el chistorete, la gracejada: la intención irónica de la puya sobre el adversario. Si se tiene el poder, ¿por qué no burlarse del de enfrente con un chascarrillo? Algo despectivo, que duela y, si puede denigrar, mejor. Que se vea quién manda. Así que desde la Presidencia se empezará a soltar el comentario clasista y peyorativo sobre las capacidades de los demás, que provoque las risotadas del gabinete en pleno y la palmada en el hombro del jefe y del compañero.

Andrés Manuel publicó un tuit que esparcía el rumor de alguna enfermedad del presidente Peña: “ni lo creo ni lo deseo. Pero es una buena salida para su renuncia por su evidente incapacidad”. En Los Pinos montaron en cólera por la mala leche del comentario y decidieron contestar de manera irrefutable. Entonces el vocero presidencial decidió darle lustre a la institución que representa y contestó, también en tuit de la siguiente manera: “Ni cansado ni enfermo. ¿@lopezobrador_ podrá correr 10 km en 53´01 como @EPN? No lo creo. Pero sí se lo deseo.” Parece que vamos a empezar con los desplantes de destreza física como forma de superioridad política.

Es cierto que el tiempo de Peña es muy bueno para los 10 km. Felicidades. Pero los deseos del vocero presidencial para un hombre como Andrés Manuel, que tiene 15 años más que el Presidente, son francamente majaderos para cualquier persona que tenga 60 años. López Obrador tiene muchos defectos, pero su edad y la condición de su salud no se encuentran entre ellos. Es un hombre, quizá el único, que ha recorrido el país entero en varias ocasiones. Como todos sabemos, sufrió un infarto el pasado diciembre —el propio presidente Peña mandó un mensaje deseando su pronta recuperación—. La Presidencia está obligada al respeto a los demás, aunque sean adversarios. AMLO no correrá rápido como Peña, pero el dinamismo que tiene a esa edad a cualquiera se le desea.

Lo que preocupa es el pensamiento y la actitud de quienes rodean y representan al Presidente. ¿Qué piensa “el simpatías” Sánchez cuando ve a su jefe con el papa Francisco?  “Este viejito será muy popular pero no aguanta los 10 km ni en 55 minutos. Pobre.” O de AngelaMerkel: “Esta gordita seguro se come el chamorro sin chucrut. Será muy buena para la economía y la líder de Europa, pero no le ve el polvo a mi jefe en los 10 km.” De esa manera podrá el vocero poner a su jefe por encima de todos los personajes y todos los problemas. Así que ya saben cuál es la porra en Presidencia cuando las cosas van mal: corre, Peña, corre.

 

juanignacio.zavala@milenio.com

Twitter: @juanizavala