Autonomía relativa

Coordinación efectiva

Nadie le dijo nada al comisionado. Si tenían la información y no le dijeron, lo pusieron en riesgo. Si no la tenían, peor.

Entre los ejes de comunicación trazados desde el año pasado está el de que “ahora sí, existe coordinación”. Está bien. La queja de los gobernadores priistas, de algunos, no de todos, era “la falta de coordinación” con las fuerzas federales: que no les informaban, que no les decían. La corrupción y el grado de participación del crimen en las fuerzas estatales y municipales es, en algunas entidades, más que preocupante. Queda claro que no era falta de voluntad, sino una terca y peligrosa realidad local que obligaba a guardar silencio.

Pero ¿cómo va la excelente y flamante coordinación? Parece ser que muy bien. Al gobernador Fausto Vallejo le impusieron un virrey, un jefe. Vallejo dice que ahora sí los escuchan, que antes no. Eso dice pero nadie le cree. Nada se dice en estos días de la participación de la policía estatal y menos aún de la municipal. Es un patiño, un títere que incomoda al gobierno federal y cuya propia imagen es la de la desgracia del estado en que ganó las elecciones. No manda, no decide, lo han degradado al nivel de un tosco adorno: un estorboso y lamentable florero. Es parte de la coordinación: pisotearlo, hacerlo menos, quitarle el mando

Otro gran efecto de la coordinación es que todos están seguros. Los miembros del gabinete dan seguimiento a lo planteado por el Presidente y todos se apoyan. Por esa razón el titular de Educación, Emilio Chuayffet acudió a Michoacán a un evento. A la salida, su convoy fue apedreado. Seguramente es un efecto de la seguridad instaurada en la entidad, en la que se puede andar tranquilamente pues todas las policías están coordinadas. El resultado es que lo que le pasa a un secretario, le puede pasar a cualquier ciudadano. Control como resultado de la coordinación.

¿Y qué decir de esa boca floja que es el comisionado Castillo? Camuflado en Pep Guardiola, el responsable de Michoacán es uno de los beneficiarios de la amplia coordinación que existe ahora entre los mandos federales. Quienes manejan labores de inteligencia en el país, hoy son uno mismo. Nunca el trabajo en conjunto había dado tan buenos resultados. PGR, Cisen, Policía Federal, Ejército y Marina, tal y como  lo dicen los entretenidos boletines de prensa —que son de una narrativa institucional conmovedora—, se comparten toda la información y garantizan que no haya fuga alguna, por lo que los operativos son de un éxito incuestionable.

En días pasados le tocó al comisionado Castillo protagonizar una nota que si no fuera por lo delicado de lo sucedido, sería gracioso. Al comisionado lo sentaron con un miembro de una organización del crimen. Participaron en una junta, intercambiaron información y todos muy contentos y coordinados. Nadie le dijo nada al comisionado. Si tenían la información y no le dijeron, lo pusieron en riesgo. Si no la tenían, peor.

La coordinación que es eje de la estrategia gubernamental alcanzó también al procurador Murillo Karam. Él es un hombre que se siente muy contento ante la prensa: adquiere poses desparpajadas para las fotos, dice chistoretes y dicharachos. Respecto de la reunión del narco con el comisionado dijo que “alguna razón debe de haber habido y no necesariamente una mala razón; pudo ser incluso una buena razón”. ¡Ah, qué divertida es la procuración de justicia y qué simpático nuestro procurador! Ahora entendemos por qué el jefe de la Policía Federal, Manuel Mondragón, cuando lo ve, lo saluda de beso. Sin embargo, el comisionado dijo sobre las razones que debió tener, que él no sabía nada, que son cosas que le pueden pasar “en una boda”. Son los efectos de la coordinación.

http://twitter.com/juanizavala