Autonomía relativa

Consúltame más

Lo ideal sería que los partidos consultaran, preguntaran sobre cosas que la gente sí quiere que sucedan, pero que parece que ellos no están dispuestos a hacer.

Esta semana, el tema de las consultas populares que quieren llevar a cabo los tres grandes partidos ha estado presente en los medios de comunicación. Para mi sorpresa los, por años, denigrados diputados plurinominales han tenido defensas variadas por todos lados. La propuesta del PRI, ya lo mencioné en este espacio el domingo, es francamente peligrosa en términos de sobrerrepresentación.

Es tal el ánimo de preguntar de los partidos que no parecen tomar en cuenta lo que se comenta alrededor. Ellos van derecho y no se quitan. Harán su consulta y punto. Además como no pagan la consulta es algo que francamente les importa un bledo si sale bien o si sale mal.

No tengo ningún problema con las consultas, sino con las preguntas que piensan hacer en las mismas. Bien podríamos imaginar las preguntas simplistas para adivinar las respuestas. ¿Le parece a usted que nuestro petróleo se lo lleven los gringos? ¿Está usted a favor de que extranjeros se queden con las ganancias de Pemex? ¿Está usted de acuerdo en que haya quien gane el salario mínimo? ¿Estaría usted conforme si todos fuéramos millonarios en lugar de obreros? ¿Le parece correcto que existan diputados —llamados plurinominales— que no ganaron su cargo con votos? ¿Estaría de acuerdo en quitar a 100 de esos diputados
y a 32 senadores? Adivine usted qué contestarán los consultados.

Lo ideal sería que los partidos consultaran, preguntaran sobre cosas que la gente sí quiere que sucedan, pero que parece que ellos no están dispuestos a hacer. ¿Por qué no preguntar a la gente si le parece bien el costo de las elecciones? ¿Por qué no consultar a los ciudadanos si les parecen correctos los sueldos de los legisladores?

Por supuesto que en este tipo de preguntas ya también todos sabemos las respuestas. Pero los partidos no se dispararán en el pie.

Luis Carlos Ugalde comentó el resultado de uno de sus reportes sobre la transparencia y la opacidad en los congresos (El Financiero, 27/08/14): “Durante los primeros 20 meses de esta Legislatura (2012-2015) los grupos parlamentarios de la Cámara de Diputados recibieron 2 mil 142 millones de pesos; a cambio solo han entregado reportes escuetos en los cuales enlistan los montos ejercidos por capítulo de gasto. Ninguna factura, comprobante ni desagregación de los pagos realizados ni los proveedores o personas beneficiarias. Cabe mencionar que este monto representa un incremento de 64 por ciento en términos reales con respecto a los primeros 20 meses de la Legislatura anterior. El mismo fenómeno se repite en casi todos los congresos estatales”.

Como se puede apreciar, el Congreso es una zona de despilfarro, de oscuridad y no parece tener freno. En este tema los ciudadanos no son consultados. Los legisladores son una constante de derroche. No pagan ni sus teléfonos, ni sus viajes, ni sus coches, ni su papelería, ni sus juntas. Vaya, no pagan ni las galletas de su oficina.

Ojalá algún día los partidos entiendan que hay una constante demanda ciudadana por evitar el despilfarro de dinero público que sucede en los congresos y en las elecciones, no hacerlo es una manera más de alejarse del elector. Al contrario, con buenas preguntas y las acciones respectivas, el ciudadano podrá decir: “consúltame más”.

http://twitter.com/juanizavala