Autonomía relativa

Colosio, Salinas y la construcción del héroe

No se dieron cuenta de que en lugar de construir el héroe que querían, construyeron el villano que aborrecían; en efecto, todos los que hablan de Colosio lo hacen a un lado para hablar de Salinas.

Al académico Germán Martínez, incansable
luchador de la europeización de Michoacán.

No es políticamente correcto hablar mal de Colosio. En estas fechas el tema es endiosar al asesinado, ponerle todas las características de las que carecía, hacer de él el prohombre que solemos hacer de quienes han muerto. La pequeñez en la vida encuentra su dimensión contraria en la muerte. Es la culpa que viene de la mano del luto. A quien se denostó en vida, se le alaba muerto. Así somos. No sorprende que los críticos acérrimos de alguien, a su muerte, se deshagan en elogios.

En estos días se puede leer todo género de comentarios acerca del ex candidato priista. La cantidad de flores impide ver la realidad, la objetividad. Nos ponen a Colosio como si fuera una especie de Churchill, un político todo claridad, entrega e inteligencia. Un motor de transformación, un mar de bondad, un alma generosa, un ser humano excepcional. No lo creo. Ya son veinte años, ya no se lastima a nadie si se dicen ciertas verdades. Salvo el caso de Juan Gabriel Valencia (Milenio Diario 22/03/14) no me topé en la semana con ningún comentario que pusiera verdaderamente en la balanza a Colosio.

A la cabeza de las glorias se encuentran varios de los seguidores del finado. “Las viudas de Colosio” se les decía socarronamente en aquel entonces. Personajes de escaso valor político que se dedicaron al culto al héroe. Individuos de ínfima personalidad, como el diputado obradorista Alfonso Durazo, han hecho del asesinato de su jefe una forma muy lucrativa de vida y han sabido usar la urna funeraria como trampolín político.

Nadie recuerda el paso de Colosio por el Senado o la diputación como el de un gran político, un orador consumado, un polemista imbatible o un hombre de palabra pronta y aguda, de conceptos claridosos o dominio de una técnica. La vida de Colosio, por lo que nos han dejado saber, está en su destape, su campaña que trastabillaba, su enemistad con el tortuoso Camacho, su discurso del 6 de marzo y su condenable asesinato. Pero sus seguidores sabían lo que Valencia menciona: “... para que un asesinado sea efectivamente un prócer, no basta un asesino solitario. Se requiere una conspiración y si es desde el poder político, mejor”. Y a eso se dedicaron.

No se dieron cuenta de que en lugar de construir el héroe que querían, construyeron el villano que aborrecían: el hombre que es la personificación del mal, amo y señor de la perversidad, el protector de El Chapo, el encumbrador de Peña, el verdadero más rico de México, el que seguro está detrás de la Línea 12 y de cuanto mal nos aqueja, el hombre que huele a azufre: Salinas de Gortari. En efecto, todos los que hablan de Colosio lo hacen a un lado para hablar de Salinas que es el personaje que verdaderamente les fascina. Que si lo mandó matar, que si lo quería cambiar, que si no le gustó el discurso. Cosas un poco contradictorias porque Salinas lo escogió y, según dejan ver, lo formó y lo proyectó.

Los forjadores del prócer le hicieron flacos favores. Del único discurso que se recuerda de él, se encargaron de decir que se lo hicieron otros. Son de esas paradojas que se dan cuando se improvisa en política, pues de todo lo que dicen sobre Colosio, se desprende que el interesante es Salinas.

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