Autonomía relativa

Caminos desolados de Michoacán

Nadie en su sano juicio puede estar contento con lo que sucede en Michoacán. No hay afrenta política, rencilla personal, que pueda ver con complacencia la anarquía que prevalece en ese estado.

Repartir culpas parece sencillo y a la vez ocioso. Más allá de señalamientos de corte partidista, se pueden rescatar hechos puntuales que merecen una reflexión aunque sea a “toro pasado”. ¿Qué pasó desde la denuncia de que el hermano del gobernador Godoy tenía vínculos con el crimen organizado hasta el asesinato del almirante Salazar hace unos meses? Muchas, demasiadas cosas que no han tenido una clara explicación.

Para los adversarios políticos del entonces presidente Calderón, el no poder probar ante un juez la culpabilidad de varios alcaldes de tener vínculos con el crimen organizado era la muestra de un fracaso personal y lo festejaron como una victoria propia. Se burlaban sin darse cuenta de que, con esas risas, la situación local empeoraba. Miembros del PRI —el actual gobernador de Coahuila, Rubén Moreira— y del PRD acompañaron al hoy prófugo de la justicia Julio César Godoy a rendir protesta como diputado federal, y dar paso de esa manera a un legislador federal vinculado con el narco mientras el gobierno federal daba —literalmente— la batalla contra los amigos criminales del flamante diputado.

La descomposición del ambiente social y político en ese estado es alarmante. Los medios de comunicación han dado a conocer en los últimos meses entrevistas con personas que lideran las llamadas autodefensas, que advierten claramente, dando su nombre y sin capucha, que no depondrán las armas. Pero Michoacán, ignoro por qué, no se consideró en grado de emergencia. Las tomas de carreteras, las emboscadas a la policía —hay que recordar que hace unos años se dio a conocer un video en que miembros del crimen organizado torturaban hasta la muerte a policías federales—, el absoluto vacío de gobierno con un gobernador con problemas de salud recurrentes, por lo que pidió licencia en dos ocasiones. Su sustituto, ahora se encuentra de vacaciones, razón por la cual Vallejo se queja de que no se actuó en su ausencia. Ausencia puede ser la palabra que flote por el territorio michoacano. Ausencia de gobierno y ausencia de voluntad.

Lo sucedido este fin de semana es el resultado del abandono. Los ataques a instalaciones energéticas del país son algo sobremanera delicado. Que el gobierno federal, en boca de su vocero Eduardo Sánchez, quiera minimizarlos es comprensible, pero no puede ser tomado en serio. De ninguna manera se trata de actos “vandálicos”. Son actos que lindan con el terrorismo, de ahí que la preocupación haya incrementado sustancialmente. No es lo mismo romper aparadores y pintar consignas o mentadas en las paredes, que sabotear 18 instalaciones de suministro eléctrico.

La solicitud de la desaparición de poderes en ese estado puede ser una buena solución, una respuesta conjunta de la clase política, siempre y cuando prive la visión de rescatar a un estado y cientos de miles de mexicanos del terror y la zozobra. Habrá que hacerlo antes de que sea tarde.

Twitter: @juanizavala