Autonomía relativa

Cambiar por cambiar

Una de las cosas que llaman la atención de este gobierno es su manía por gobernar mientras ve por el retrovisor, en lugar de tener la vista fija en la carretera. El gobierno de Peña tiene una obsesión con romper con todo lo que sucedió en los gobiernos anteriores y regresar todo a los tiempos de la pax priista.

Se entiende que las primeras acciones de un gobierno, al entrar, tengan que hacer un contraste con el gobierno anterior. Marcar una diferencia, establecer un nuevo lenguaje, los nuevos personajes, el cambio en la política de determinados sectores. Más aún cuando se trata de un cambio de partido. La necesidad de  mostrar un cambio se vuelve inevitable. Dejar el pasado como una mala noche, un desorden que ahora se va componer con la luminosidad del nuevo gobierno. El sol saldrá para todos, pues no habrá privilegios y la sombra será para los delincuentes; la armonía será la norma de la convivencia general y la felicidad será el objetivo de los programas de gobierno. Las nuevas palabras, las nuevas caras, los nuevos modos.

Todo se entiende como la necesidad del gobierno entrante de establecer una nueva relación con sus gobernados. Además, la gente votó por quitar a los otros y eso justifica, con mayor amplitud, los cambios que se quieran hacer. Y si se ofrece para distraer la atención en un momento dado, qué mejor que un escandalito de mal manejo de fondos y corrupción de los que dejaron el poder. Así que manos a la obra y a demoler lo que estaba levantado, a tapar lo que tenía cimientos, cambiar ese mueble para este lado, a decir el estado desastroso en el que se encontró la administración, lo disfuncional de los programas hasta entonces vigentes y un sinnúmero de cosas que permitirán al nuevo equipo gobernante colocarse por encima de las ruinas.

Sin embargo, hay cosas que antes de cambiar, o que por lo menos deberían de pasar por la de un análisis un poco más profundo que una simple reacción. Es el caso de las relaciones exteriores. Se puede decir que el PAN no tenía un planteamiento extenso y de fondo en esa área, pero sí comparte, desde hace tiempo junto con la mayoría de las democracias modernas, ciertos rasgos que deberían componer nuestras relaciones con otros países como lo es el respeto a los derechos humanos. En la pax priista se ufanaban de un marcado antinorteamericanismo y de tener relaciones con “los comandantes” de la región. Cierto que en la época de la guerra fría, nuestro país jugó un papel relevante y eficaz como puente transmisor o elemento conciliador en la región. Pero esas épocas quedaron muy atrás. Ya ni aparecen en el retrovisor.

¿Cuál es la necesidad de tratar a Cuba y a Venezuela, me refiero a sus gobiernos, con algodones? En Cuba los derechos humanos forman parte de la agenda pendiente desde hace 50 años. ¿Por qué regalares cientos de millones de dólares condonándoles deuda? ¿No dice este gobierno que tenemos decenas de millones de mexicanos en pobreza extrema? ¿No se necesitan en Chiapas, en Guerrero o en Oaxaca? Es la demagogia de llevarla bien con “la Revolución”.

¿Qué necesidad de relanzar una relación con Venezuela? En ese país nacionalizan las empresas mexicanas y nos secuestraron un embajador. Las majaderías de Maduro en el caso del avión son proporcionales a la falsa ilusión de este gobierno de ponerse a la cabeza de un grupo de gobernantes desquiciados y populistas. Pero en fin, lo importante parece ser tener una relación diferente a las anteriores; son las ganas de cambiar por cambiar y de pensar que toda época pasada fue mejor.  

@juanizavala