Autonomía relativa

"Angelismos"

En el clima de opinión hay una suerte de desgarramiento de vestiduras porque los partidos hacen lo que les toca cuando no hay elecciones y deben trabajar en reformas legislativas: discutir, arreglar, acotar, aumentar, limitar, promover, defender, eliminar, obstaculizar, proponer y lo que usted quiera respecto de las materias a discusión. Esto, por supuesto, enrarece los climas internos, propicia ambientes de revancha —si están en el horizonte, lo cual, tratándose de partidos, siempre están en el horizonte— y de cobro de facturas. También son los momentos en los que los legisladores ven las oportunidades de sacar un mensaje para sus electores, más aún cuando se trata de propuestas de ley que afectan de manera importante a la ciudadanía en general, como es el caso de la fiscal, o si se trata de cambiar algún tabú o insertarse de lleno en algo nuevo, como es el caso de la energética.

Los partidos no solamente son importantes por ser plataformas de candidaturas y poder, de esa manera, ejercer una manera de gobierno. No solamente son importantes los que ganan, sino también los que pierden. Las divisiones en los partidos son parte de la dinámica de su vida interna. Me sorprende que les sorprenda a nuestros opinólogos. La democracia no es un día de campo en el que todos sonrientes juegan volibol, comparten frutas, emparedados y dulces típicos, mientras otros alistan la fogata para cantar “Página blanca” a la luz de la Luna. Eso es lo que piensan Peña y los promotores del eterno consenso.

Las diferencias en democracia son inevitables, adentro y afuera de los partidos. Que los problemas de los partidos se trasladan a las discusiones de los temas públicos, por supuesto. Los políticos, si lo son, tienen ambiciones. Que los partidos defienden intereses, también; que defienden zonas del electorado, está más que claro; que cuando pueden se acuchillan entre ellos, es evidente; que los enfrentamientos internos son peores que los de afuera, de muestra están las guerras civiles. Creer que los partidos y sus miembros son personas prístinas de alma buena, corazón sensible, espíritu comunitario, inteligencia preclara, visión nítida del futuro y que ponen por encima el bien supremo de todos, es un angelismo.

Los partidos políticos son, así lo describe la ley, entidades de interés público. Por lo tanto su vida interna también lo es. Despreciar, después de las elecciones, como a un grupo de loquitos al Tea Party ha costado caro. Con pocas posiciones ha generado un enorme problema. Creer que es un problema de los republicanos es lo que generó el problema. En el caso de los partidos en México, señaladamente PAN y PRD, son de todos conocidos los problemas internos —que se convierten en problemas externos— que tienen. Es muy probable que estas dificultades no concluyan hasta que ambos partidos definan a su respectivo nuevo líder en los primeros meses del año entrante.

Por lo pronto es bueno que los medios se ocupen del acontecer interno de estos partidos. Que un atarantado como Madero presida una de las oposiciones más importantes puede resultar nocivo para los panistas, pero también muy dañino para el país (como se ve con la reforma hacendaria). La historia está llena de ejemplos de cómo un grupo se apodera de un partido y desde ahí no solo se paralizan gobiernos, sino que también se fomenta el odio, la separación entre iguales a nombre de las más deplorables causas con las peores consecuencias y eso ha sucedido en democracia. No caigamos en angelismos.

Twitter: @juanizavala