Cadena de mando

Los resultados en la coordinación federal

Los frutos están comenzando a darse. Por fin se entendió que los militares no son el último recurso.

Pudiese parecer una cuestión mediática; sin embargo, no lo es. La coordinación del gabinete de seguridad (Segob, Sedena, Semar, PGR) comienza a dar resultados y en algunos estados de la República hasta la participación de su policía estatal en conjunto con las fuerzas armadas ha logrado, por ejemplo, que se rescate a decenas de personas secuestradas y la detención de sus captores.

En el caso Michoacán, sin lugar a dudas, el deceso de Enrique Kike Plancarte —muerto por enfrentarse a balazos con fuerzas especiales de la infantería de Marina que pretendían detenerlo— se suma a una lista de aciertos dirigidos a debilitar y ojalá destruir al grupo de Los caballeros templarios, quienes amenazados por una coordinación federal efectiva emigran a otros estados del país en busca de refugio.

Publiqué la semana pasada sobre los tiempos en que tardarán en regresar a sus cuarteles las fuerzas armadas. Hoy, con los impecables resultados tanto de soldados como de marinos, ese tiempo se postergará por lo menos todo el sexenio.

Por lo anterior, la acción y presencia permanente de las fuerzas armadas como parte vital en la coordinación federal debe estar apoyada de una efectiva respuesta por parte de las autoridades de los tres niveles de gobierno. Tanto el general Salvador Cienfuegos como el almirante Vidal Soberón tienen claro, por un lado, la evolución natural que los grupos criminales presentan cuando se les combate frontalmente y, por el otro, que las acciones de gobierno, amén de estar enfocadas a la seguridad pública, deben fortalecerse con una gestión pública que brinde en la realidad el tan soñado desarrollo social (empleo, educación, salud) sin el cual, por mucho que se reintegre la paz y la tranquilidad, sin un motor de desarrollo, todos esos espacios recuperados seguirán siendo blanco fácil de corrupción, delincuencia y por ende de retroceso social.

También para los militares el factor político sigue siendo de riesgo, ya que a pesar de que los resultados en seguridad están comenzando a darse en los lugares que hasta hace poco se consideraban como focos rojos; el fortalecimiento de los grupos de autodefensa, por ejemplo, en Michoacán, es el resultado de negociaciones políticas y es una realidad latente, el cómo están administrando y ejerciendo su poder local, estos grupos. Hoy los tiempos no dan para ofrecer a un rijoso un puesto público, como sucedía en los años 70; hoy, más que nunca, se debe entender que los cacicazgos afectan negativamente al país y afectan a la seguridad nacional y, con ello, a todo lo demás.

Históricamente, soldados y marinos han demostrado su lealtad a las instituciones; sin embargo, el reto mayúsculo que han enfrentado los secretarios de Defensa y Marina ha sido que, para los problemas del país, con la lealtad no es suficiente —el presidente tiene muchos leales a su alrededor— después del desmadre que dejaron las dos anteriores administraciones panistas. Definitivamente es la suma de habilidades, capacidades, inteligencia, decisión y valor con lo que se tiene que enfrentar la realidad.

No puede existir una coordinación efectiva cuando alguna de las partes pretende estar por encima de las otras.

Los resultados están comenzando a darse. Por fin se entendió que los militares no son el último recurso.

CABO DE DE TURNO

Los resultados de la Marina Armada de México en el puerto de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, provocaron en primer lugar rescatar al punto marítimo más importante de nuestro país, con todo el impacto positivo que ello conlleva, y en segundo lugar generar las condiciones para que el gobierno pudiera acotar el inmenso negocio que los Templarios producían ahí todos los días, con la salida y entrada de todo tipo de mercancías.

A partir de este mes de abril, elementos de las Unidades Navales de Protección Portuaria (Unaprop) pertenecientes a la Secretaría de Marina, entrarán de lleno para realizar acciones de vigilancia, inspección y control, o lo que es lo mismo, tendrán funciones de policía marítima, al interior de los recintos portuarios del país.

Las terminales que quedarán bajo ésta figura serán: Ensenada, La Paz, Guaymas, Mazatlán, Puerto Vallarta, Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Acapulco, Salina Cruz, Puerto Chiapas, Puerto Matamoros, Altamira, Tampico, Tuxpan, Veracruz, Coatzacoalcos, Dos Bocas, Ciudad del Carmen y Progreso.

Regresando con el tema de coordinación, en este caso, también se entendió que son los marinos quienes deben estar al frente de los puertos nacionales, y no solo en su protección, sino también en su administración.

En palabras de Gerardo Ruíz Esparza, “los administradores marinos, es algo que le urge a México”.

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@elibarrol