Cadena de mando

No se puede despeinar el “casquete” corto

La intención constante por desprestigiar a las fuerzas armadas y en específico al Ejército se ha convertido ya en cosa de todos los días. La realidad es que, con este desprestigio, en vez de debilitarse, se fortalecen.

Debido a su función, las fuerzas armadas son golpeadas constantemente por diferentes grupos que tienen los mismos intereses; sin embargo, llama la atención el hecho de que, a pesar de los intentos, no la afectan, ni a su prestigio ni mucho menos al cuerpo humano que la conforma, como sucede en otras instancias que, cuando le pegan a un funcionario, afectan también a su institución.

Sin lugar a dudas, es un hecho en verdad plausible la investigación realizada por la Policía Federal para detener a 13 integrantes de esa corporación destacados en Acapulco, que además del secuestro, también se les relaciona con delitos contra la salud, homicidio y delincuencia organizada; pero el anuncio —por lo menos en medios de comunicación— generó más desprestigio a la propia institución en vez de que se resaltaran las acciones desarrolladas para sanearla. Por supuesto se perdió el mensaje central, hacia el interior, que busca decirle a los “polis coludidos” que se cuiden. El impacto causado en la sociedad, por la manera como lo manejaron los medios, provocó nuevamente miedo y total desconfianza hacia quienes integran la corporación policiaca.

Desafortunadamente para la Policía Federal, no se le puede quitar el estigma de corrupción, impunidad, excesos, pero, sobre todo, el de ser una obra de Felipe Calderón —aunque le haya costado tanto— y de su funcionario más cercano. ¿A poco ya nadie se acuerda de Genaro García Luna?

Sí, ese estigma será muy difícil cambiarlo.

La constante desde el inicio del sexenio ha sido cómo reconstruir la confianza en las instituciones, sobre todo en las de seguridad. Si bien la esperanza sembrada desde la campaña del hoy Presidente por crear una gendarmería nacional fue bien recibida por la sociedad —aunque no se entendiera para qué y cómo iba a traer resultados—, ahora se desvanece día con día, a partir de que no tiene para cuándo; a partir de que la tutela de la misma no va a recaer en el Ejército ni en la Marina. No solo era el efecto de organización, disciplina y efectividad lo que el mando armado le iba a dar a la gendarmería; el efecto era otorgarle confianza a la gente vía la conformación de esta fuerza armada, operada por militares.

Los altos mandos del Ejército y de la Marina saben bien que representan a una institución donde a nadie se le excluye. Salvador Cienfuegos y Vidal Soberón tienen claro lo que significa la lealtad y que a pesar de las diferencias que puedan existir entre los hombres y mujeres que integran a las fuerzas armadas, a la hora de la verdad todos son uno; para eso es el espíritu de cuerpo. Ambos secretarios comprenden el significado que sus comandados tienen para el país. Ambos saben bien que todo lo anterior no sucede en ninguna otra institución del Estado mexicano y que ésa es precisamente la fortaleza por la que los intentos de desprestigio ni siquiera los despeinan.

Cabo de Guardia

En México, el alto mando militar no tiene tiempo ni derecho de enfermarse, aunque algunos “buscadores de reflectores” lo quieran así. Salvador Cienfuegos Zepeda es un hombre con una disciplina y un régimen personal envidiable.

En el México de hoy, el secretario de la Defensa Nacional es una fortaleza.

Ayer se llevó a cabo la ceremonia del 190 aniversario de la creación del Heroico Colegio Militar, Templo del Honor, donde se honra a México.

Bajo el nuevo diseño del sistema educativo castrense, los jóvenes que hoy estudian en el Colegio Militar pertenecerán a una nueva clase de oficiales mexicanos. Desde ahí se les forma para visualizar un México mejor que el que ven los “anarquetos”, sí, esos que destruyen todo a su paso; al de los halcones y mulas, al de los narcos, ¡pues!

Desde ahí se les enseña que México no puede ser producto del chantaje político-social que pretenden, por ejemplo ahora, los maestros de la Ceteg.

Todos los jóvenes que ingresan al Heroico Colegio Militar o a la Heroica Escuela Naval Militar saben que tienen la oportunidad de ser, en un futuro, los altos mandos del Ejército o de la Marina. En ninguna otra institución del país podría ocurrir esto.

Lo dicho es una fortaleza… que ni se despeina.

@elibarrol