Cadena de mando

Lo que pierde México con la manipulación

El grado de manipulación de los hechos en este país está tomando dimensiones peligrosas. Quienes se dedican a tergiversar lo que realmente sucedió, sus antecedentes y sus lógicas consecuencias saben bien que deben comenzar su campaña de desprestigio atacando directamente a personas o instituciones.

El daño en realidad no es para los agredidos, es para México. Es así, debido a que el clima de violencia e intolerancia que resultan de esta manipulación son reales y palpables, y la pagan propios y extraños. Es así, debido a la imagen de deterioro que nuestro país manda al mundo. Es así porque al final, el Estado se debilita ante sí mismo, y visto está que en las autoridades no existe el menor ánimo por llevar al país, a los estados y mucho menos a los municipios por un camino de progreso o reconstrucción.

Si quienes manipulan a los padres de los 43 estudiantes normalistas —generando la versión de que los jóvenes fueron cremados en hornos militares— creen que a quien van a perjudicar es a las fuerzas armadas, en verdad están en un error de proporciones terribles. Lo sucedido la noche del 26 de septiembre en Iguala no fue —de inicio— un hecho de carácter nacional, ni siquiera fue estatal. Esa maldita noche estuvo reducida a un interés intermunicipal (Iguala-Cocula) de la mano del grupo delictivo Guerreros Unidos, por lo que cabe la pregunta ¿qué ganaban los soldados al cremar los cuerpos de los normalistas? Y no comencemos con las respuestas “sobadas” de la práctica militar por desaparecer incómodos al gobierno o indígenas reaccionarios o estudiantes convertidos en remedos de “guerrilleros”. No comencemos con aquello de “Ejército represor y asesino”. Seamos objetivos. Quienes perdieron de todas, todas, fueron José Luis Abarca y su esposa —por cierto, a ella, no se le acusó del tema Ayotzinapa, se le acusó de delincuencia organizada—, después Lázaro Mazón, luego Ángel Aguirre. Perdió el PRD y sus dirigentes, y por supuesto perdió Guerrero en su conjunto. Con esto último perdió México.

Es un hecho que en los últimos 25 años los papeles se invirtieron, es decir, los buenos se convirtieron en malos; se convirtieron en lo mismo que tanto detestaban. Quien era la víctima ahora es el victimario. A quien desaparecían ahora es quien desaparece. Quienes eran hambrientos de un puesto público ahora son satisfechos de corrupción e impunidad. Quienes eran tolerantes ahora son los más intolerantes, aunque eso sí, siguen siendo terriblemente ignorantes.

Los que rompieron el paradigma ahora se han convertido en uno mucho peor.

Hoy la crisis que vive el perredismo en este país se enfrenta con la oportunidad que toma Morena y su líder Andrés Manuel López Obrador para fortalecerse como ente político, no importando que en esa revolución a quien se le dé en la madre sea al país.

¡Cuidado! Meterse con el Ejército es muy riesgoso, sobre todo cuando quienes lo acusan lo hacen a partir de la manipulación y la mentira. Las fuerzas armadas en este país emanan del pueblo y esta condición es la que los hace lo suficientemente fuertes para entender la importancia de proteger al pueblo, antes que a nada ni a nadie. La lealtad institucional que han demostrado a pesar de los cambios del año 2000 y con la actual administración retrata lo que son, es decir, los militares mexicanos velan por todos los mexicanos, no solo por un grupo o una corriente.

Lo que nos debe preocupar en este país es quiénes serán los candidatos para la elección de este año. En lo que se debe profundizar es en los antecedentes de quienes quieren representar al pueblo electoralmente; qué plan de gobierno tienen, qué beneficios tendrá el área que van a gobernar y a representar. La gran mayoría de los gobernantes y representantes populares están reprobados por sus gobernados.

Pocos caen en la cuenta de que las fuerzas armadas representan al pueblo que protegen.

Los militares de tierra, mar y aire no son los enemigos del pueblo ni mucho menos del país. No existen dentro de las fuerzas armadas líderes que anden hablando mal del país, al contrario. No existen tribus o grupos que traicionen el ideal y la mística militar y con ello le causen un daño a México.

No existe en el Ejército, la Marina Armada o la Fuerza Aérea un interés político o partidista.

Lo que pierde México con la manipulación de que fueron los soldados quienes desaparecieron los cuerpos de los estudiantes normalistas es credibilidad ante el mundo y esa es muy difícil de volverla a conseguir.

Pierde México.

Que no se olvide.

 

jibarrolals@hotmail.com

@elibarrola