Cadena de mando

¿Víctimas o victimarios?

No me abrazo a la bandera. A pesar de que en nuestro país tenemos los medios, las instituciones, las oposiciones y, sobre todo, nuestro propio escrutinio, se permite que sean organismos y personas extranjeras quienes evalúen y califiquen el confuso tema de los derechos humanos.

Quedamos vulnerables ante el mundo sobre la justa dimensión de lo que México hace y no hace en esta materia.

¿Quiénes son las víctimas?

¿Quiénes son los victimarios?

Señalar sin pruebas a las fuerzas armadas como promotores de violencia, tortura o bien de muerte, más que provocar un daño a soldados y marinos, genera el fortalecimiento de criminales, reaccionarios, anarquistas y un sinfín de grupos que no quieren vivir dentro de la legalidad ni mucho menos en la disciplina que todo ciudadano debe guardar por su país.

Salvador Cienfuegos y Vidal Soberón permiten el escrutinio y la transparencia, a pesar de que sus instituciones son las que protegen al Estado mexicano, y en ello debe existir —como en muchos países— información de privilegio que sirve para enfrentar y disminuir las amenazas nacionales.

Se permitió y financió (3 millones de dólares) al GIEI, "dedo chiquito" de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que más que enfrentar al Estado mexicano, tuvo que dar certeza y protección a los padres de los 43 desaparecidos. Antes de intentar interrogar a los elementos del 27º Batallón de Infantería, hubo que analizar a profundidad las confesiones de casi 120 procesados.

Antes de enfrentar a la PGR de Arely Gómez, el GIEI debió demostrar la objetividad e imparcialidad del trabajo que venían a desarrollar en nuestro país.

Ahora resulta que México viola los derechos humanos de los "expertos internacionales" y del presidente de la CIDH, Emilio Álvarez de Icaza. Por lo menos eso fue lo que intentaron demostrar en su 157 periodo de audiencias públicas en Washington el jueves pasado.

La insistencia por querer demostrar que son los militares quienes están contra pueblo, y más del "pueblo bueno", es anacrónica. A quien benefician las acciones de los soldados de tierra, mar y aire son precisamente al pueblo, pero sobre todo a quienes más necesitan de una respuesta institucional.

El impacto positivo de la actividad militar contra la delincuencia favorece primero a quienes han sido olvidados por las autoridades civiles.

Quienes se benefician primero del Plan DN-III-E y del Plan Marina son los más pobres, es decir, los que viven en lugares donde nunca debieron haber permitido que vivieran, y más allá, soldados y marinos rescatan a quienes de plano ni siquiera aparecen en el mapa nacional.

¿Quién habla de eso?

jibarrolals@hotmail.com
@elibarrola